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El cansancio y Lo que se debe tener.

“Oré, y me fue dada la prudencia. Supliqué y descendió sobre mí el espíritu de la Sabiduría. La preferí a los cetros y los tronos, y tuve por nada las riquezas en comparación con ella. No la igualé a la piedra más preciosa, porque todo el oro, comparado con ella, es un poco de arena. Y la plata, a su lado, será considerada barro”. (Sabiduría 7, 7-8).

Por Daniel do Campo Spada.

peregrino1.jpeg Y entonces la pregunta es ¿hasta donde desear tener? Jesús no nos dice tampoco que debamos negar objetivos, aunque sean en algunos casos materiales, aunque sí advierte que “pasará antes un camello por el agujero de una aguja, que un rico al Reino de los Cielos”1. Si la riqueza se convierte en fruto de la explotación de otro hermano, o es una herramienta propicia para el pecado, ya estamos en problema. Cuando supera la segunda capa disponible estamos superando lo que el relato bíblico sugiere como lo necesario.
Muchos filósofos y sociólogos hablan del valor “funcional” y del valor “simbólico”. Una casa tiene el valor funcional de permitirnos tener un refugio, necesario para la vida civilizada, cuidar a los hijos y a los ancianos, poder descansar, etc. En tanto que valor simbólico es cuando en lugar de buscar una vivienda por su utilidad nos vamos hacia el campo de ostentación, “para mostrar” mas que para usar. En la moda o en los vehículos es un eje permanente. La posesión de algo funcional no es condenada por Dios, aunque el hecho de utilizarla para sobresalir por sobre la capacidad económica de un hermano nos convertirá en polilla.
En una economía de tipo capitalista, donde mas que personas somos consumidores, ello se hace difícil, porque se instala en el “imago”2 social y abstraerse es “sacarse la correa de esclavo moderno”. Por ello podemos decir que no es casual que dentro de los discursos sociales no esté incluido el acercamiento religioso. Si realmente meditáramos la palabra del Creador, muchos de los consumos (de carácter simbólico o impulsivos) no tendrían lugar.
Alimentarnos, vestirnos, instruirnos y hasta curarnos, están dentro de las prácticas funcionales. La valoraciones simbólicas que sobre ello se hacen terminan generalmente en desvíos que provocan ese lamentable cansancio del que no tiene rumbo. Porque si hay un objetivo, el cansancio es funcional al logro y a alegría de obtenerlo con el esfuerzo.
Muy por el contrario, como corremos y no tenemos tiempo de orar (pensar), solo tenemos cansancio, que en este caso es dis-funcional.

“Los ricos padecieron necesidad y hambre, pero a los que buscan al Señor no les faltará bien ninguno”. (Salmo 33, 11)

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