Catolicismo y Comunicación II. Los grandes grupos y las voces.
Por Daniel do Campo Spada.
Al momento de escribir estas líneas se debatía en Argentina la sanción de una Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que rápidamente adoptó el nombre vulgar de “Ley de Medios”. Los sectores oligopólicos, líderes de opinión por su llegada y por ser en algunos lugares el único canal o la única radio han extendido un modelo de formato televisivo y radial propio del utilitarismo capitalista. El ya mencionado Consejo Pontificio de las Comunicaciones advierte que “hay que romper las barreras y los monopolios que colocan a tantos pueblos al margen del desarrollo y asegurar a todos -individuos y naciones- las condiciones básicas que les permitan participar en dichos desarrollo. (Centesimus annus, 35)”1.
La concentración mas grande que recuerda la historia de la humanidad, dentro de lo cual la Argentina es un caso paradigmático, han puesto de manifiesto como nunca antes el hecho de que los intereses económicos se anteponen a los mínimos derechos humanos. “Los medios de comunicación se usan a veces para construir y apoyar sistemas económicos que sirven a la codicia y a la avidez. El neoliberalismo es un caso típico”2.
Si los medios de comunicación quedan solamente en el ámbito del lucro, están atados a una lógica de funcionamiento que implica generar rating o ventas a cualquier precio sin importar por ello los contenidos del producto. En muchos casos se violan los manuales más básicos de ética periodística, en pro de aumentar las ganancias económicas. Más de un colega se enfrenta ante la necesidad de conservar su empleo haciendo notas de las cuales se avergüenza. Cuando los medios pertenecen a dueños privados, solo importa la forma de pensar o los intereses de su propietario, quedando el colega en un mero redactor.
¿Pero qué pasa con el cristiano que siente que los mensajes que le brindan no coinciden con nuestros ideales mínimos? ¿Qué hacer cuando el contenido de violencia (en sus distintos tipos) nos pone en una situación incómoda? Hay una salida, que es la de no comprar o consumir esos medios. ¿Censura? De ninguna manera. Quienes nos hemos dedicado al periodismo toda la vida jamás avalaríamos una salida como esa. Tampoco es exigible mirar, escuchar o leer medios católicos, puesto que muchas veces estos también dicen algunas cosas con las cuales no estamos de acuerdo. Nuestros lectores habituales saben que no somos irracionalmente dogmáticos. Mas aún, en mas de una oportunidad hemos mostrado nuestra disidencia en muchos temas de nuestro presente. A lo que estamos haciendo referencia es a una necesidad de volver a ser activos. Hay mensajes buenos y vale la pena buscarlos. El mismo esfuerzo que ponemos en elegir buenas lecturas debemos volcarlo al buscar un programa de radio o de televisión.
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SEPTIEMBRE 2009-09-19
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Tags: CRISTIANISMO MEDIOS DE COMUNICACION PLURALIDAD
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