Catolicismo y comunicación (I).
Por Daniel do Campo Spada.
El católico se ha ido adaptando desde el comienzo de nuestra historia a los avances que el mundo humano nos iba brindando. En un debate aún no cerrado, en algún momento se cree que la cúpula habría rechazado el avance científico. El denominado “caso Galileo” llena cientos de libros o novelas conspirativas al respecto.
Un axioma medioeval muy repetido indicaría que se pretendía la ignorancia como forma de conservar la inocencia y no caer en la soberbia de querer avanzar tanto hasta el punto de imaginar que podíamos igualar la sabiduría de Dios. Por ello, ser ignorante implicaba pureza. Solo algunos privilegiados estaban habilitados a los index1 en los que los libros que implicaran ciertos discernimiento solo podían ser leídos por los cristianos preparados.
En el presente, la educación y la información son parte de nuestros derechos como humanos y la predisposición a la lectura es una obligación para cualquier seguidor de Jesús. El enriquecimiento permanente de nuestro conocimiento de la Biblia o de los líderes espirituales es una condición imprescindible. No es casual que la Iglesia en su historia se convirtión en uno de los primeros agentes de educación universal. No es el momento de establecer en esta nota cuanto de esas instrucciones tuvo de atropello o de choque y aplastamiento por parte de los evangelizadores europeos que conquistaron nuestra América. Pero sí el saber que hemos pasado de proteger a difundir.
Los medios de comunicación y las nuevas tecnologías adquieren una dimensión tal que se han convertido en el símbolo de la época al hablar de la Sociedad de la Información, de la cual ni los mas conservadores se han apartado. Internet, como Nuevo Medio de Comunicación de Masas (N-MCM2) ha llevado al paroxismo la posibilidad que tenemos de comunicarnos. Al respecto el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales expresa que “...los medios de comunicación, incluida internet, superan las barreras de la distancia y el aislamiento, ofreciendo la oportunidad de aprender a pobladores de áreas remotas, a los religiosos en los conventos, a las personas obligadas a permanecer en su hogar, a los detenidos y a muchos otros”3.
Lo que ocurre como primera confusión es que si bien no se debe condenar el uso de los medios de comunicación, sí se debe tener en cuenta los contenidos, en muchos de los casos abordan la realidad desde un excesivo entorno de show, pudiendo caer en cierto relativismo, como manifiesta el mencionado documento al decir que “a menudo, también los medios de comunicación difunden el relativismo ético y el utilitarismo, que caracterizan la actual conducta de la muerte”4.
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SEPTIEMBRE 2009-09-19
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Tags: CRISTIANISMO MEDIOS DE COMUNICACION
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