Educación Católica IV. Amenazas sobre la catolicidad de la educación.
Por Daniel do Campo Spada.
Esta nota está inspirada en un volumen de la colección “Poco y Bueno” escrita por José Martín Brocos Fernández bajo el título “Presiones sobre la educación cristiana”1 que aunque por momentos adquiere un discurso un poco violento, es útil para trabajar algunas reflexiones, ya que mucho de lo que nos quejamos del afuera quizás haya sido gestado en nuestra propia posición en la historia.
En la primera de las expresiones encontradas hay una posición de víctima que determina que se nos niega el derecho de educar a nuestros niños según nuestra voluntad2. Ello nos remite al enfrentamiento entre la Iglesia y la República, que en la entrada a los tiempos modernos en Francia provocó masacres de sacerdotes quienes defendían al régimen anciano de la monarquía. Si tomamos como único Rey a Dios, es inconcebible que admitamos la existencia de reyes y súbditos en una tierra de iguales. El mismo sentido cristiano, de un Jesús, andando de a pie entre el pueblo y desconociendo a los “señores terrenales” llevó a un enfrentamiento histórico erróneo que ese arrastra hasta nuestro presente. Aún hoy en día, mucha de la literatura con la que son formados nuestros sacerdotes se deja traslucir esa polarización entre religión y régimen político. Es verdad que desde el Concilio Vaticano II se han dado grandes progresos en ello, pero aún persisten posiciones encontradas en las que se ve a los Estados como si fuesen enemigos de los pueblos. Su laicismo no necesariamente es anti-cristianismo. Admitir ello es desconocer la potencia que tienen las Iglesias familiares desde la que se transmite el mensaje. Fijémonos por ejemplo como los hermanos rusos pudieron mantener viva la fe en pleno sistema soviético, al punto que al caer el socialismo real reverdecieron casi con la potencia de un siglo atrás. Hoy, en Cuba, el Partido Comunista Cubano tiene en su seno cristianos practicantes y desde la visita de Juan Pablo II en adelante se han dado grandes pasos en admitir que se pueden tener ideas políticas socialistas o republicanas sin tener que por ello renegar de nuestra pasión a Cristo. El Estado cumple en la educación un papel garantizador, para evitar que las brechas sociales sean aberrantes, y ante ello los cristianos no debemos ofendernos. Muy por el contrario.
Sí podemos coincidir cuando al referirse a la educación como una “colonización” manifiesta que “... mediante esa colonización, la sociedad reduce la necesidad de reprimir directamente al populacho. Es una educación para el dominio que busca perpetuar la estructura social, sin cambios, y para que el educando acepte las reglas del sistema con una autocrítica limitada. La escuela, juega pues, un importante papel de neutralizar las revoluciones”3. Pero al siguiente párrafo vuelve a caer en un mensaje anacrónico de odios que supieron teñir de sangre a nuestra historia cuando agrega que “...en este sentido, la imposición de una moral de Estado, acorde con corrientes culturales subversivas y con la reseñada ideología de género”4.
El Estado, como toda institución social, debe servir para igualar a las personas ante las desigualdades que de por sí generan todos los sistemas. Aunque la tendencia sea el laicismo en ellos, no podemos estar en contra ya que su eliminación generaría las peores atrocidades hacia los más débiles. Claro que en algunas ocasiones también sirvieron como herramienta de coersión, pero ello no lo invalida en su existencia. La Iglesia, actor importantísimo en la educación no solo tiene su rol en las instituciones puramente educativas, sino que en cada púlpito se dicta clase y en cada hogar cristiano ello se refuerza. Si entre nuestros postulados está la igualdad entre hermanos, la consigna es el diálogo entre las instituciones puramente civiles y la religiosa.
Brocos Fernández cierra sus conclusiones más violentas cuando retoma que “...de esta manera la Revolución (por la francesa y las posteriores) ha aprendido que para ateizar a los estudiantes no es lo más eficaz la enseñanza anti-religiosa sino la a-religiosa, de modo que el solo instinto de los sentidos sea el eje de la vida. Así es que la más perversa de las escuelas es la perfectamente laica”5. El autor desconoce que las estadísticas demuestran que la mayoría de los católicos del mundo nos hemos educado en instituciones laicas, y que ello no fue impedimento a las enseñanzas familiares y parroquiales, que marcaron fuertemente nuestro sistema de creencias. Dudar de ello, sería dudar de que el mensaje de Jesús adquiere muchas formas para llegar hasta nosotros.
ABRIL 2009-04-10
TECUM – NOVO MundusNET Televisión
Permitida su reproducción con mención de la fuente.
Tags: EDUCACION CATOLICA
Meneame |
del.icio.us



