Educación Católica I. Exigencia y Pasión, según Bergoglio.
Por Daniel do Campo Spada
Aunque desde su visión política de la realidad argentina se pueda tener diferencias, como pastor, el Cardenal Jorge Bergoglio dispone de un vehemencia que se nota en sus sermones y que traslada a sus libros. En particular, haremos mención de uno de ellos ya que su obra escrita es bastante extensa. En “Educar: exigencia y pasión”1, pone de manifiesto un conocimiento que sobre el tema educación es muy propio de todos los integrantes de la Compañía de Jesús. Nuestro continente ha sido depositario de lo más rescatable de la acción evangelizadora de los conquistadores europeos, que llevaron al frente justamente los jesuitas.
“Queridos educadores: qué grande es la tarea que Jesús pone en sus manos”2 es la forma en que marca el tema de tomar a la docencia como una responsabilidad auténtica ante Dios, que delega en quienes tenemos esa gracia de formar a nuestros hermanos menores en el conocimiento. La asimetría solo es en el dominio de la ciencia, ya que en cuanto a edad, nuestros alumnos bien pueden ser más grandes que uno.
En uno de sus párrafos menciona que no se debe caer en la tentación del facilismo, ya que de esa manera no se educa, afrontando la misma dificultad de un padre que ante su hijo debe optar por la reprimenda correctora o el dejar hacer mas allá de las consecuencias. Quienes trabajan con los sobre-estimulados (por los medios de comunicación y los discursos sociales) niños y adolescentes del presente saben que el hedonismo y el éxito sin sacrificio se ha insertado en nuestros días.
¿Podemos los educadores católicos estar al margen de nuestra Fé cuando encaramos la tarea docente? La respuesta es clara: NO. Cuando uno siente a Cristo dentro de uno, no es creyente de a ratos sino que por el contrario Él debe habitar en forma permanente, sin que por ello cometamos pecados ya sea por las tentaciones que el maligno pone en nuestro camino o bien por la debilidad de nuestra práctica. El arrepentimiento inmediato es un camino hacia el Perdón. Por ello, resulta sorprendente cuando aquellos hermanos que han recibido la gracia de Dios de enfrentar un curso en una posición de Maestro quieran limitarse “solo a su ciencia”. Eso sería equivalente a decir: durante esta clase, dejo mi Fé en el pasillo y no me importa si se presenta la oportunidad de que alguien quiera o necesite una Palabra consoladora, guía o revitalizante. ¿Se puede ser padre, hijo, hermano o amigo de a ratos? ¿Se puede ser cristiano por momentos? Bergoglio al respecto dice que “el corazón une la idea con la realidad, el tiempo con el espacio, la vida con la muerte y con la eternidad”3, cuando plantea que sobreponer el cerebro al corazón es una de las tentaciones más frecuentes.
Siguiendo con esta línea de pensamiento en la que estar en el lugar de educador (lo que nos hace colegas de Jesús) es una gracia, debemos considerar que ello es un privilegio dentro de nuestra comunidad. Y pensar en comunidad es abandonar egoístas ideas de individualismo, donde el Cardenal afirma que “nuestra identidad como hombres de Fé está dada por la pertenencia a un cuerpo y no por la afirmación de nuestra conciencia aislada. (…) Se es en la medida que se pertenece. Y, por tanto, el comportamiento religioso de pertenencia más que buscar la satisfacción de un momento individual de mi conciencia, buscará adherir a los símbolos unitivos: la Virgen, los Santos... Y aquí un paso más, nuestra Fé será combativa con una combatividad consciente del enemigo a fin de defender a todo el cuerpo y no ya sólo a mi mismo”.4
Como cierre al mencionado espíritu del libro que trasluce la óptica del Arzobispo de Buenos Aires en la noble tarea de educar, vale la frase en la que recomienda que “si bien no habrá que descuidar una válida dimensión de eficiencia y eficacia en la transmisión de conocimientos que permitan a nuestros jóvenes hacerse un lugar en la sociedad, es fundamental que seamos ´maestros de humanidad´.”5
MARZO 2009-03-08
TECUM – NOVO MundusNET Televisión
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