Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

¿Se puede aprender a amar?

Por Daniel do Campo Spada

cielo_01.jpeg Un día decidí crear un blog cristiano impulsado por algo que parecía no provenir de mí. Como si fuera un mandato superior. ¿Se entiende a qué me refiero? Desconozco a cuantos les sirven estas palabras, pero la pregunta era: ¿Todo lo que estudio, que afortunadamente puedo adquirir en libros, DVD o viajes es solo para mi onsumo personal? Nunca supe si era lo necesario, pero empecé a sacar hacia afuera vivencias que me quemaban por dentro. El amor a Dios no permite quedar indiferente, aunque seamos seres llenos de defectos y mucho menos seamos ejemplos. Pero una habitual canción de misa nos repite que “no has buscado ni a sabios ni a ricos”. ¿Por qué tantas explicaciones? Porque voy a contar algunos hechos (que no creo casuales sino inspirados por el Creador) que me ayudaron a vivir momentos de amor al prójimo realmente intensos, que lamento que no sean permanentes o por lo menos más extensos. Supongo que los Santos pudieron experimentar esto en forma permanente y por ello son nuestros Hermanos Mayores.
Cuando pasados los 35, volví a la religión en un sentido mucho más maduro que lo que había estado hasta los 23 o 24 años, empecé a vivir momentos en los que ver una puesta de sol, una nube recortada en un cielo celeste, una planta al costado de una ruta o cualquier manifestación de la naturaleza me parece maravilloso. En el medio, ya imaginan cuál fué el derrotero: magias, quiromancias, y todas las equivocaciones que se puedan enumerar.
Ese estadio de querer todo lo que uno ve, coincide con nuestra paz interior. Si estamos en un momento de ira, por el contrario, podemos mandar al infierno al auto que falla, a la ropa que queda chica o a la computadora que no responde. Si estamos en sintonía con el Creador, todo parece bello.
Sin ser experto, trataré de poner en palabras unos ejercicios que por momentos me permiten amar a todos, y no solo a los nuestros.
El primer paso es tratar de estar bien con nosotros. Controlar la ira, el mal humor y los apuros inventados.
El segundo paso es el de visualizarse a Ud mismo algunos años atrás. Véase a sí mismo en momentos en lo que ha estado solo (ambientalmente hablando) en el cual no haya estado conversando con nadie. Imagínese manejando, cocinando, leyendo, caminando, etc. ¿No siente ternura por Ud? Si lo logra, repítalo varios días y recién allí pase al punto tres.
Recién cuando es capaz de amarse a Ud en otro momento de su vida, de perdonarse, de entenderse aún con sus fallas, a punto tal de que siente ganas de abrazarse podemos empezar a querer a los demás. Allí observe a personas que pasen por allí, aunque no sepan quienes son. Y si no lo sabe, quizás sea mejor. Mirelos en silencio e imagínelos con sus miedos, sus tristezas, su cansancio. ¿Pueden sentir algo?
Como todo, la práctica debe ir de la mano de una efectividad mejor, aunque me hago algunas preguntas y me imagino algunas respuestas. Esa sensación la puedo experimentar bajo con condiciones: la persona no me ve o por lo menos no me está mirando y está en silencio. ¿No coinciden estas condiciones con nuestras prácticas de oración? ¿Será acaso ese el silencio que Dios nos pide? Imaginemos al Creador. ¿Se acerca cuando hablamos en un momento de mucha acción o podemos sentirlo cuando Él nos mira con amor de Padre?
No tengo respuestas cerradas respecto a este tema, pero quizás sea un principio o uno de los infinitos caminos para aprender a amar.

Permitida su reproducción con mención de la fuente.

Tags:
MeneameMeneame | del.icio.us

No hay Comentarios »

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>