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Arnulfo Romero: “Sentir la Iglesia”.

Por Daniel do Campo Spada.

romero_14.jpg El 24 de marzo de 1980, mientras recibía a la multitud que se acercaba a él a buscar refugio espiritual en un país que se desangraba en una cruenta guerra civil, un sicario del gobernante ARENA le disparó a quemarropa convirtiendo en mártir al Arzobispo de San Salvador. Moría Monseñor Arnulfo Romero, quien como lema invitaba a “sentir la Iglesia”.
En el mundo y en particular en América Latina comenzaba la gran noche. Las jerarquías católicas latinoamericanas que supieron convertir a nuestro continente en el espacio que aún hoy tiene mayor cantidad de fieles en el mundo estaban siendo desplazadas lenta y sutilmente. Las dictaduras estaban desparramadas en todo nuestro mapa alentadas por uno de los presidentes norteamericanos más conservadores del pasado siglo como Ronald Reagan. Ese cóctel explosivo dejó a nuestros sacerdotes y muchos fieles muy activos en un peligro limbo de desamparo por parte de nuestra conducción enfrentando a gobiernos que estaban a favor de los poderosos y en contra de los pobres.
Romero fue uno más de los mártires contemporáneos, que comprometidos con la realidad de sus pueblos usaron el evangelio para llamar la atención sobre lo lejos que se estaba de Jesús incluso en regímenes que ponían en los mismos altares la cruz y las armas. Muchos de ellos, “en nombre de Dios” asesinaron sin piedad. ¿Se imaginan a Cristo picaneando, fusilando o desapareciendo gente?
En cada homilía incitaba a cada cristiano, en un país católico como El Salvador, a cambiar la realidad agobiante que estaban viviendo. Una situación compleja no solo por las balas de la guerra civil, sino por el dolor que provocaban las injusticias. Contra eso invitó a luchar. Los gobernantes, con el partido ARENA fundado por el mayor Roberto D'Aubuisson no pudieron soportar ese otro lenguaje. No lograban comprender que el miedo que ellos querían provocar con sus escuadrones de la muerte fuera superado por misas cada vez más multitudinarias y retransmitidas por la radio y en grabaciones caseras. Los derechos humanos eran un concepto nuevo en el lenguaje de occidente, pero eterno en la Biblia.
Su voz y ejemplo se multiplicó después de muerto, dando por preeminencia el hecho de lo que realmente valía era el amor por hermano y que no muere a quien matan, ya que “la promesa que Él nos hizo es esta: la vida eterna”. (San Juan 2, 22-28)

ENERO 2009-01-24
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