El Dogma y la Realidad. Las uniones de pareja. Parte II.
Por Daniel do Campo Spada.
“Nadie se sienta sin familia en este mundo: la iglesia es casa y familia, de todos, especialmente para cuantos están fatigados y agobiados”. (Mt 11, 28)
“Existen, sin embargo, situaciones en que la convivencia matrimonial se hace prácticamente imposible por razones muy diversas. En tales casos, la Iglesia admite la separación física de los esposos y el fin de la cohabitación. Los esposos no cesan de ser marido y mujer delante de Dios; ni son libres para contraer una nueva unión. En esta situación difícil, la mejor solución sería, si es posible, la reconciliación. La comunidad cristiana está llamada a ayudar a estas personas a vivir cristianamente su situación en la fidelidad al vínculo de su matrimonio que permanece indisoluble.” (Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal Argentina, Madrid, 1993, Parágrafo 1649)
Su Santidad Benedicto XVI dijo durante los primeros meses de su papado que las segundas uniones solo podían ser bendecidas por la Iglesia Católica siempre que estos aceptaran vivir como “hermano y hermana”, Dicho de otra forma, sin ser pareja. Nadie es pareja de su hermana. Dicho de otra forma, el Dogma de nuestra Fé hoy no nos ofrece solución al problema extendido de las familias ensambladas. En uno de mis retiros espirituales le comenté a un Monje que ello me taladraba. En mi tercera unión (ninguna por Iglesia) volví a la Fé y a las escrituras. Pero ya tenía dos hijos con mi compañera. ¿Era válido allí repudiar lo que no deja de ser “mi” familia? Con la sabiduría propia de quienes dedican su vida al trabajo, al estudio y la contemplación me contestó con una pregunta que ante cada incertidumbre me llena de respuestas: “¿Cómo creés que te juzgaría Jesús?” ...
Un Jesús de amor, que supo sentarse a comer con ladrones y herejes. Que redimió a Magdalena cuando dijo “...el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Cuando la hasta allí prostituta le dijo “¿Y ahora, qué hago?” nuestro hermano mayor le contestó “Yo ya te he perdonado”. Ella se convirtió desde allí en una de sus principales discípulas. Si DIOS en persona perdonó, ¿quién condena?
No tengo la preparación teológica suficiente para contestar al interrogante de que pasará cuando lleguemos a las puertas del Reino. ¿Nos condenará Dios a sufrir de las inclemencias de una vida cotidiana que se mete incluso entre nuestras relaciones interpersonales? ¿Acaso mentir con un amor que ya no existe no es pecado también? ¿Si la condena fuera taxativa no estaríamos desmintiendo acaso lo que Jesús nos promete al decirnos que en el momento en que estemos atribulados nos apoyemos en él?
“Para sanar las heridas del pecado, el hombre y la mujer necesitan la ayuda de la gracia que Dios, en su misericordia infinita, jamás les ha negado”. (Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal Argentina, Madrid, 1993, Parágrafo 1608)
La Iglesia Católica es esencialmente histórica. Nos definimos por el hombre y su historia, que también es un designio de Dios. Si así fuera, ¿por qué los Patriarcas fueron polígamos (es decir más de una mujer AL MISMO TIEMPO) y el hombre moderno es condenado cuando vuelve a unirse (DE A UN CONYUGUE POR VEZ)?
“La poligamia de los patriarcas y de los reyes no es todavía criticada de una manera explícita”. (Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal Argentina, Madrid, 1993, Parágrafo 1610)
Tags: CASAMIENTO DIVORCIO NUEVAS FAMILIAS BENEDICTO XVI
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