¿Por qué nuestra Iglesia no crece?
Por Daniel do Campo Spada.
Un estudio del CONICET (organismo de investigación más prestigioso de Argentina) demostró en cifras (difundidas por el diario Página 12 el día 27 de agosto de 2008) algunas cosas que los fieles venimos notando desde hace veinte años a esta parte. Las Iglesias están cada vez más vacías, tienen menos sacerdotes que nunca y el manifestarse creyente suena a un anacronismo. Mas allá de los números, ¿no estará nuestra Iglesia institucional lejos en gran parte de las necesidades del pueblo? No es por ser reiterativos sin sentido ni buscar culpables, pero una Iglesia sana y en crecimiento siempre será la mejor herramienta para llevar la palabra de Cristo. Claro que para ello debe haber un marco de coherencia.
¿Qué es coherencia? Ser consecuente con un mensaje y si decimos que estamos con los pobres como Jesús nos enseñó, deberíamos corregir los desviacionismos protocolares que hacen a muchos de nuestros ministros ser mas propensos al deguste de tertulias con familias bien acomodadas económicamente y que en muchos de esos casos tienen una indecorosa doble vida. Por suerte también están nuestros Padres que solo pisan sino que viven en las villas, en los barrios sumergidos, en las provincias más pobres y en medio de las peores condiciones de marginalidad. Lamentablemente estos últimos no son los que llegan a los medios de comunicación y tampoco están en los puestos jerárquicos, por lo que no son la imagen que le llega al resto de la sociedad. Muy por el contrario, vemos que perdemos fieles practicantes. El estudio marca que un 90 % de los argentinos dice creer en Dios. De la totalidad de la población, un 75 % se identifica con el catolicismo. Hasta aquí vamos bien. Pero cuando vemos quienes practican regularmente los ritos de un fiel (orar, concurrir a un templo, etc), caemos a apenas un total de 23 % de la población, de la cual la mitad son evangelistas. Esto nos da que apenas un 12 % de un país que se identifica como católico tiene alguna práctica ligada a la herramienta institucional de la que disponemos.
En otras líneas ya hemos expresado que en realidad estamos ante una herramienta de evangelización que perdió el camino cuando hacia adentro se reprimió a aquellos que se movían fieles a Medellín y el Concilio Vaticano II. Aunque no hubo un concilio posterior, sabemos muy bien que desde la “restauración conservadora” de Juan Pablo II (de la cual el Sumo Pontífice Benedicto XVI es un fiel sucesor) los documentos han quedado archivados y la conducción va por otro lado. En un determinado tiempo (corto o largo no es un problema para la institución más vieja de la tierra), esas bases que aún defienden el espíritu de Cristo están en retroceso y los medios de comunicación (mas propensos a los modelos que las jerarquías defienden) ayudan al escepticismo.
El egoismo de quienes nos conducen privilegia su posición ante una realidad preocupante, en el que no profesan devoción ni los que concurren a los colegios religiosos (ya que en su mayoría solo buscan una educación de calidad pero no una formación espiritual)
Octubre 2008
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Tags: IGLESIA CATOLICA FIELES
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