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La cobardía es complicidad.

“Hijo de hombre, tú habitas en medio de un pueblo rebelde: ellos tienen ojos para ver, pero no ven, tienen oídos para oír, pero no oyen, porque son un pueblo rebelde. En cuanto a ti, hijo de hombre, prepara tu equipaje como si tuvieras que ir al exilio, y parte en pleno día, a la vista de ellos. Emigrarás del lugar donde te encuentras del lugar donde te encuentras hacia otro lugar, a la vista de ellos: tal vez así comprendan que son una familia contumas”. (Ezequiel 12, 2-3)

Por Daniel do Campo Spada

cristo_015.jpeg Qué ricas que son las escrituras, que a pesar de cientos de lecturas siempre esconden miles de enseñanzas distintas. Las Profecías de Ezequiel tienen unos sabios párrafos que deberíamos repasar ante cada momento en el que tengamos la sensación de que nuestra Iglesia parece ir por un camino distinto al que creemos que deberia tener. ¿Cuáñ debería ser nuestra actitud? ¿Irnos sin avisar? ¿Aceptar sin modificar nada con una actitud pasiva-cómplice?
Si bien sabemos que quienes tienen la responsabilidad de conducir están bajo la bendición de Dios, también es sabido que aún aquellos que son elegidos se desvían. El primero de ellos fue Judas, quien estuvo en el círculo selecto de nuestro hermano mayor, ¿qué nos quita la existencia de otros Judas modernos? Nuestra larga historia como Iglesia de casi 20 siglos ha tenido momentos de sombra. Sin duda que en cada oportunidad que puede el diablo mete la cola por la ventana. Pero en lugar de mantener una actitud pasiva, para conservar el cuerpo de la Iglesia debemos actuar (siempre bajo oración) en forma rápida y no cobarde. En una de mis estadías en un Monasterio, el hermano hospedero comentó lo mismo que le he escuchado (lamentablemente) a pocos sacerdotes. “Ante momentos de duda, más que ser fieles a la Iglesia, hay que ser fieles a Cristo”. Con esto se reproduce una pregunta que resuelve más de un dilema: “¿Qué creemos que hubiera hecho Jesús en estas circunstancias?”
Cuando Ezequiel dice que Dios le manifiesta que “salga a la vista de todos” es para generar una creación se sentido. De lo contrario, le hubiera dicho “vete por la noche, cuando nadie te vea ni note tu ausencia”. Sin embargo, esa hubiera sido una actitud cobarde.
¿Acaso para fortalecer nuestra Iglesia no debemos hablar de nuestras zonas oscuras? La opción con los pobres, las peligrosas relaciones con los poderosos (a los que Cristo rechazó) y el vacío de fervor espiritual de muchos de nuestros ministros son temas pendientes. No podemos negar que en los últimos veinte años, tras el momento de mayor crecimiento logrado (con una Iglesia popular que estaba en las entrañas del pueblo), comenzamos un descenso que aún hoy no se detiene. Tenemos colegios importantes, muchas publicaciones... y cada vez menos fieles participando. No vamos a extendernos mucho, pero sabemos que hoy manifiestarse católico en ámbitos no religiosos suena a rareza y no podemos quedarnos pasivamente en echarle la culpa a un creciente secularismo fomentado por los medios de comunicación masiva.

Septiembre 2008
Libre reproducción con mención de la fuente.

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