La parte que no nos gusta.
Por Daniel do Campo Spada
“El reino de los cielos es semejante a un hombre, que sembró buena simiente en su campo. Pero al tiempo de dormir los hombres, vino cierto enemigo suyo y sembró zizaña en medio del trigo y se fué. Estando ya el trigo en yerba y apuntando la espiga, descubriose asi mismo la zizaña. Entonces los criados del padre de familia acudieron a él, y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena cimiente en tus campos? Pues ¿Cómo tiene zizaña? (...) ¿Quieres que vayamos a recogerla? (...) No, porque no suceda que arrancando la zizaña arranquéis justamente con ella el trigo” (Mt 13, 24-29).
A diario vemos cosas de nuestra Iglesia que no nos gustan. Padres pederastas, empresarios supuestamente cristianos que explotan a sus hermanos, manejos oscuros de organizaciones más oscuras, relaciones con sectores del poder muy lejanos del espíritu de defensa de los pobres que encarnó Cristo, etc. Pero también vemos a curas en zapatillas que viven en el barro de las villas, a feligreses que participan en las reivindicaciones de justicia social, a los voluntarios que entregan su vida en ayuda al prójimo, etc. Dicho de otra forma, dentro de la Iglesia Católica tenemos zizaña y trigo. ¿Qué hacer?
En una oportunidad, un sacerdote amigo que dijo que cuando veía algo que no le gustaba de la jerarquía le pedía a Dios (a la postre el que está por encima de todo) que mueva los corazones para el lado que corresponda y que ponga en oración todos los actos que vaya a realizar.
¿Cómo distinguir las cosas que nos gustan de las que deben ser de esa forma? Recurriendo al Evangelio. La Bilblia da a través de las parábolas todas las expliaciones. En los úlimos años, en las jerarquías de muchas de nuestras iglesias se han enquistado algunos hermanos que sucumben al contacto de los poderosos, olvidando que Cristo caminó con los de abajo. Siendo el Rey de Reyes jamás obstentó palacio, ejército o core alguna. ¿Lo imaginan con la solemnidad con la que algunos hacen besar su anillo?
En charlas con muchos creyentes me maniiestan que abandonaron la Iglesia Católica porque el crecimiento de una organización como el Opus Dei no los representa. A mí tampoco. Pero cuando decimos ¿donde está Dios? ¿No ve esto? ¿Por qué no hace algo? Ahí debemos estar nosotros, sabiendo que lo mejor para ellos ( y no para el espíritu de Cristo) es que nos retiremos, que le cedamos el espacio. Pero, como corresponde, debemos escuchar la palabra del Maestro. Hay que hacer crecer el trigo a un punto tal que la zizaña se quede sin sol, no se cosa que al arrancarla también destruyamos lo bueno.
Julio 2008.
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Tags: IGLESIA CATOLICA DESENCUENTROS
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