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¿Por qué nuestra Iglesia no crece?

Por Daniel do Campo Spada.

cristo_019.jpeg Un estudio del CONICET (organismo de investigación más prestigioso de Argentina) demostró en cifras (difundidas por el diario Página 12 el día 27 de agosto de 2008) algunas cosas que los fieles venimos notando desde hace veinte años a esta parte. Las Iglesias están cada vez más vacías, tienen menos sacerdotes que nunca y el manifestarse creyente suena a un anacronismo. Mas allá de los números, ¿no estará nuestra Iglesia institucional lejos en gran parte de las necesidades del pueblo? No es por ser reiterativos sin sentido ni buscar culpables, pero una Iglesia sana y en crecimiento siempre será la mejor herramienta para llevar la palabra de Cristo. Claro que para ello debe haber un marco de coherencia.
¿Qué es coherencia? Ser consecuente con un mensaje y si decimos que estamos con los pobres como Jesús nos enseñó, deberíamos corregir los desviacionismos protocolares que hacen a muchos de nuestros ministros ser mas propensos al deguste de tertulias con familias bien acomodadas económicamente y que en muchos de esos casos tienen una indecorosa doble vida. Por suerte también están nuestros Padres que solo pisan sino que viven en las villas, en los barrios sumergidos, en las provincias más pobres y en medio de las peores condiciones de marginalidad. Lamentablemente estos últimos no son los que llegan a los medios de comunicación y tampoco están en los puestos jerárquicos, por lo que no son la imagen que le llega al resto de la sociedad. Muy por el contrario, vemos que perdemos fieles practicantes. El estudio marca que un 90 % de los argentinos dice creer en Dios. De la totalidad de la población, un 75 % se identifica con el catolicismo. Hasta aquí vamos bien. Pero cuando vemos quienes practican regularmente los ritos de un fiel (orar, concurrir a un templo, etc), caemos a apenas un total de 23 % de la población, de la cual la mitad son evangelistas. Esto nos da que apenas un 12 % de un país que se identifica como católico tiene alguna práctica ligada a la herramienta institucional de la que disponemos.
En otras líneas ya hemos expresado que en realidad estamos ante una herramienta de evangelización que perdió el camino cuando hacia adentro se reprimió a aquellos que se movían fieles a Medellín y el Concilio Vaticano II. Aunque no hubo un concilio posterior, sabemos muy bien que desde la “restauración conservadora” de Juan Pablo II (de la cual el Sumo Pontífice Benedicto XVI es un fiel sucesor) los documentos han quedado archivados y la conducción va por otro lado. En un determinado tiempo (corto o largo no es un problema para la institución más vieja de la tierra), esas bases que aún defienden el espíritu de Cristo están en retroceso y los medios de comunicación (mas propensos a los modelos que las jerarquías defienden) ayudan al escepticismo.
El egoismo de quienes nos conducen privilegia su posición ante una realidad preocupante, en el que no profesan devoción ni los que concurren a los colegios religiosos (ya que en su mayoría solo buscan una educación de calidad pero no una formación espiritual)

Octubre 2008
Libre reproducción con mención de la fuente.

Cuando todos sentimos tristeza y vergüenza.

Por Daniel do Campo Spadapalotinos_templosanpatricio.jpg.

El asesinato de los religiosos palotinos en la Ciudad de Buenos Aires en el año 1976 puso de relieve la historia de nuestros mártires contemporáneos. En un momento de horror, algunos se atrevían aún a profesar el Evangelio de Cristo y aquellos que solo querían sumir a la Argentina en la peor sombra de su historia no se lo perdonaron. Cuando a la mañana siguiente, en pleno 4 de Julio, con una Embajada de Estados Unidos engalanada por los festejos de su independencia y con las visitas de todos los funcionarios del gobierno de facto las puertas de la Parroquia San Patricio del barrio porteño de Belgrano no se habrían para la misa todos imaginaron que algo había ocurrido, sin sospechar el grado de sadismo en el que fueron asesinados por fuerzas militares los sacerdores Alfredo Kelly, Alfredo Leaden y Pedro Dufau y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti.
palotinos_01.jpg Los cinco cuerpos se encontraban alineados en el piso, como si hubiera efectivamente habido un fusilamiento, que no escatimó usar la propia sangre de las víctimas para escribir en las paredes y alfombras las frases "Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal. Venceremos. Viva la Patria" y "Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son M.S.T.M." Nunca estuvieron más cerca de Jesús que en ese martirio que deben haber sentido en carne propia durante la madrugada. Estos no son textos periodísticos y no quiero que mi profesión me traicione, por lo que quiero remitirme solamente al mensaje cristiano de quienes entregaron la vida en medio de muchos asustados, muchos cobardes y también muchos cómplices que aún hoy en día dicen llamarse católicos. Ya no los había advertido Jesús, que entre nosotros el Diablo se haría presente con ropas de cordero.
Quienes eran habitués saben que los hermanos mencionados hablaban de paz en un contexto en el que otros que también se identifican como cristianos mataban usando a Jesús como excusa. “No me invocarás en vano”, dice nuestro hermano mayor y en esta masacre ello quedó de manifiesto. Nuestros muertos, a los cuales rendiremos el merecido recuerdo y homenaje, fueron asesinados por otros que tambien llevan nuestros crucifijos colgados al pecho. ¿Creeríamos acaso por un segundo (y no más de eso) que Cristo ajustaría cuentas de esa manera? Si hacemos un paralelismo, en lugar de la mansedumbre del que se sabe Rey en serio y el ataque de los jerarcas judíos de ese momento, estos criminales hubieran torturado a los rabinos, dinamitado el templo y desaparecer a todos aquellos que se atrevieran a contradecirlos. De esa forma, el Hijo de Dios jamás hubiera podido mostrar toda su GRANDEZA.

Que DIOS los BENDIGA.

Octubre 2008
Libre reproducción con mención de la fuente.

La cobardía es complicidad.

“Hijo de hombre, tú habitas en medio de un pueblo rebelde: ellos tienen ojos para ver, pero no ven, tienen oídos para oír, pero no oyen, porque son un pueblo rebelde. En cuanto a ti, hijo de hombre, prepara tu equipaje como si tuvieras que ir al exilio, y parte en pleno día, a la vista de ellos. Emigrarás del lugar donde te encuentras del lugar donde te encuentras hacia otro lugar, a la vista de ellos: tal vez así comprendan que son una familia contumas”. (Ezequiel 12, 2-3)

Por Daniel do Campo Spada

cristo_015.jpeg Qué ricas que son las escrituras, que a pesar de cientos de lecturas siempre esconden miles de enseñanzas distintas. Las Profecías de Ezequiel tienen unos sabios párrafos que deberíamos repasar ante cada momento en el que tengamos la sensación de que nuestra Iglesia parece ir por un camino distinto al que creemos que deberia tener. ¿Cuáñ debería ser nuestra actitud? ¿Irnos sin avisar? ¿Aceptar sin modificar nada con una actitud pasiva-cómplice?
Si bien sabemos que quienes tienen la responsabilidad de conducir están bajo la bendición de Dios, también es sabido que aún aquellos que son elegidos se desvían. El primero de ellos fue Judas, quien estuvo en el círculo selecto de nuestro hermano mayor, ¿qué nos quita la existencia de otros Judas modernos? Nuestra larga historia como Iglesia de casi 20 siglos ha tenido momentos de sombra. Sin duda que en cada oportunidad que puede el diablo mete la cola por la ventana. Pero en lugar de mantener una actitud pasiva, para conservar el cuerpo de la Iglesia debemos actuar (siempre bajo oración) en forma rápida y no cobarde. En una de mis estadías en un Monasterio, el hermano hospedero comentó lo mismo que le he escuchado (lamentablemente) a pocos sacerdotes. “Ante momentos de duda, más que ser fieles a la Iglesia, hay que ser fieles a Cristo”. Con esto se reproduce una pregunta que resuelve más de un dilema: “¿Qué creemos que hubiera hecho Jesús en estas circunstancias?”
Cuando Ezequiel dice que Dios le manifiesta que “salga a la vista de todos” es para generar una creación se sentido. De lo contrario, le hubiera dicho “vete por la noche, cuando nadie te vea ni note tu ausencia”. Sin embargo, esa hubiera sido una actitud cobarde.
¿Acaso para fortalecer nuestra Iglesia no debemos hablar de nuestras zonas oscuras? La opción con los pobres, las peligrosas relaciones con los poderosos (a los que Cristo rechazó) y el vacío de fervor espiritual de muchos de nuestros ministros son temas pendientes. No podemos negar que en los últimos veinte años, tras el momento de mayor crecimiento logrado (con una Iglesia popular que estaba en las entrañas del pueblo), comenzamos un descenso que aún hoy no se detiene. Tenemos colegios importantes, muchas publicaciones... y cada vez menos fieles participando. No vamos a extendernos mucho, pero sabemos que hoy manifiestarse católico en ámbitos no religiosos suena a rareza y no podemos quedarnos pasivamente en echarle la culpa a un creciente secularismo fomentado por los medios de comunicación masiva.

Septiembre 2008
Libre reproducción con mención de la fuente.

La transfiguración en las cosas cotidianas.

cristo_014.jpeg“Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se le aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pedro le dijo a Jesús “Señor, que bien que estamos aquí!”. (Mateo 17, 1-4)

Por Daniel do Campo Spada

El que acabamos de transcribir es uno de los párrafos mas maravillosos del Nuevo Testamento, partiendo incluso del libro (Mateo) más duro en sus relatos. Mas de un comentarista litúrgico ha expresado con razón que esa sensación de beneplácito de Pedro es porque vió “un pedacito de cielo”, con todo lo que la vida eterna promete. Sin embargo, quiero agregarle algo que pocas veces conté y a muchas menos personas todavia. Y lo hago con el criterio de agradecer.
En el año 2005, en la misa de Corpues Christi viví quizás uno de esos tipo de transfiguración que nos suceden a cotidiano pero que la velocidad de vida no nos permite ver. Mi Padre (una de las personas más importantes en mi vida) acababa de morir cuarenta y ocho horas antes. Durante la ceremonia, veía a mi “Viejo” (como cariñosamente le decimos en Buenos Aires) detrás del sacerdote. No puedo explicar cuál era el fenómeno. Pestañeaba y la imagen seguí allí, sonriente, pleno, feliz. Así fué toda la misa. Cuando terminó, (es una pequeña y acogedora parroquia a la que concurrí muchos años, se llama San José de los Obreros y está en la localidad de Gerli, en la Provincia de Buenos Aires), todos salieron, menos un señor (a quien nunca habíamos visto), que con un Rosario colgado al cuello se acercó a mi familia y le dió un beso a cada uno de mis hijos y a mi señora. Cuando llegó a mí, me abrazó y al oído me dijo “Fuerza muchacho”. Esa frase no era una más. Era la forma en que mi Padre me hablaba: “muchacho”. Salió de la Iglesia y éramos los únicos que quedábamos. Nos fuimos detrás de él y allí estaba el Padre Jorge, el cura a quien (a lo mejor él ni imagina que fue un herramienta de Dios en este caso) le debo haber vuelto a la Iglesia tras unos años de distancia. Le pregunté quién era el que había pasado por allí y dijo no haber visto a nadie. Nos esperaba a nosotros para darme un abrazo en tan difíciles momentos. Pero esa no fué la única transfiguración que recibí.
Esa semana no concurrí a trabajar. Una madrugada, de las tantas en las que la angustia no me dejaba dormir, enciendo la televisión y mientras le rogaba a Dios “un mensaje”, un grupo musical juvenil del que nada sabía (“Arbol”) interpreta su tema “El fantasma”. Quienes la conocen, saben que habla de la partida de alguien que se va de aquí y cuenta un poco cómo es el más allá. Da una paz tremenda y la recomiendo a todos aquellos que estén pasando por esas horas.
El domingo siguiente, es decir apenas una semana y dos días de la muerte referida, era el Día del Padre en la Argentina. Era mi primer día alegórico sin “mi Viejo”. A las 3 de la mañana, me levanté de mi cama como si hubier dormido toda la noche, cuando en realidad solo llevaba acostado un par de horas. Instintivamente fuí hacia la cocina y allí, como si fuera un agujero en el aire, lo ví a Papá sonriente. No decía nada, pero sonreía. Pestañeaba y seguía allí. Es más, en la escena, equivalente a la de esos cuadros ovalados antiguos, aparecieron mi Abuelo y mi tío, padre y hermano de papá Orlando.
Tardé mucho tiempo en contarlo. ¿Quién que no tuviera un corazón abierto podría creerme? Para algunos puede ser “imaginación”, pero en lo más hondo de mpi siempre supe que no era así. Seguramente a Pedro también le deben haber dicho lo mismo. Siempre creí que había otra vida, pero esa y otras manifestaciones que no es el momento de contar me han dado la certeza. Certidumbre que agradezco a Dios, que me permite ver el presente de nuestra vida peregrina en la tierra de otra forma. Quien quiera creer que quiera.

Septiembre 2008
Libre reproducción con mención de la fuente.

Ansel Grun. Un auténtico líder espiritual.

Por Daniel do Campo Spada

Todos tenemos un referente. Puede ser un sacerdote, un seminarista, un amigo, un laico. Alguien que con su palabra nos guía por los caminos del Señor. El auténtico guía es Jesús, el primero que con su ejemplo y sus parábolas nos ha dejado la esencia de las enseñansas universales. Además, los creyentes tenemos el regalo de la Biblia.
Desde estas líneas quiero rendir homenaje a uno de mis referentes cotidianos. No hablamos el mismo idioma ni nos vimos nunca. El no habla español (creo) y yo no hablo alemán (lo certifico). Sin embargo, a través de sus libros me ha dado más enseñanzas de las que otra persona me haya podido dar en temas cotidianos ligados a nuestro norte religioso. Me refiero al monje benedictino Ansel Grun.
ANSEL GRUN Doctor en Teología, es el director espiritual y administrador de la abadía de Munsterschwarzach y se ha convertido en uno de los más variados y extensos escribas de espiritualidad cristianos del mundo. Sus textos, afortunadamente llegan en forma intensiva a los lectores en castellano y merecen leerse.
En “La Fé de los Cristianos”, Ediciones San Pablo, 2007, descorre que nos une y que no separa a los cristianos de otras religiones. Siempre partiendo de que los odios y las desuniones parten del desconocimiento, la mejor arma de confraternidad es aprender cómo son los que no son como nosotros. Se teme lo desconocido.
Otro de sus mejores libros es “La redención”, Editorial Verbo Divino, 2005, en el que trata de explicar cuál es el significado de nuestra vida. Si estamos basados en la necesidad de cumplir una misión redentora, surge la pregunta de “¿qué Dios puede desear que sus hijos sufran?”. Grun recorre el camino del ejemplo de Jesús y termina dando las herramientas para llegar a una respuesta.
En un mundo de ruido y velocidad, “Elogio del silencio”, Sal Terrae, 2004, es una invitación a buscar un remanso en nuestros ríos interiores. En otras notas hemos hablado de lo difícil de vivir en un mundo lleno de noticias tormentosas, nos muestra cómo los monjes logran ese lugar de contacto imprenscindible con el Padre.
“La armonía interior”, “¿Por qué a mí?” y una ciencuentena de títulos más aparecen publicados en América Latina por diferentes editoriales católicas. Si hay que recomendar una lectura, comenzar por algún título de Grun es un buen comienzo. Y créame que tiene títulos para todas aquellas circunstancias de la vida en que precisamos una guía.

Septiembre 2008
Libre reproducción con mención de la fuente.

Ser enérgicos ante la violencia mediática.

Por Daniel do Campo Spada

Ser enérgicos ante la violenciaEn los últimos meses estamos viendo un triste crecimiento de la violencia mediática. Los canales de televisión se regodean morbosamente mostrando cómo una adolescente española le pegaba desmedidamente a una inmigrante ecuatoriana que yacía inerte en el piso. Alguien, detrás de una cámara que registraba la escena que luego fue subida a internet, la alentaba a que la matara. En Argentina, una banda de niños acomodados, salían con sus lujosas camionetas 4 x 4 a molestar a todos los transeúntes que tuvieran aspecto de pobres. Les tiraban la camioneta encima, les destrozaban las pocas pertenencias que tuvieran encima, y luego los golpeaban. Fornidos jóvenes bien alimentados y probablemente con tiempo libre para entrenarse en modernos gimnasios descargaban su violencia disfrutando de la humillación hacia el indefenso. Todo filmado y subido risueñamente en un sitio web.

¿Estamos todos locos? ... ¿Podemos ser indiferentes? ¿Sómos los cristianos tan cobardes que apenas nos contentamos con permanecer en silencio en un rinconcito agradeciendo que no nos haya tocado a nosotros?

No. Definitivamente no. Los cristianos, que hemos visto sufrir la humillación a nuestro hermano mayor Jesús, no podemos permanecer impasibles. A los tibios los vomita Dios. Debemos condenar con todas nuestras voces estas atrocidades que se repiten por doquier, apoyado en el mal uso de las nuevas tecnologías. Las NT están aquí y debemos tomarlo como un territorio de batalla más. No dejemos que las únicas voces sean las de los asesinos de almas. Salgamos a la red, hagamos millones de blogs, millones de sitios web, millones de contenidos que valgan la pena. No podemos quedarnos siempre en ese secreto miedo. Basta! Condenemos la discriminación, la burla, la desigualdad. ¿Qué sentido tiene quedarse vivo y quietito mientras vemos cómo se humilla al hermano? ¿Quién quiere estar muerto en vida? ¿Acaso hay miedo a perder esta vida terrena, ignorando como cristianos que somos que la verdadera vida es la eterna? ¿Podremos respirar en lka eterna, sa biendo que en la temporal fuimos cobardes?
.... Reflexionemos. Oremos con toda la fuerza. Y NO SEAMOS COBARDES.

Septiembre 2008
Libre difusión con mención de la fuente.

El niño del subte

Por Daniel do Campo Spadasubte.jpeg

Quince días antes de la vivencia que disparó el comentario de este artículo, falleció nuestra mascota “Dalila”. Después de 17 años de entrega desinteresada merece un apartado, pero no en esta oportunidad. A su “entierro” en nuestro jardín asistieron no menos de seis familiares y una mascota más pequeña. Lloramos y estuvimos tristes muchos días. Muchos de nuestros allegados también se apenaron. Contar la historia a los conocidos generaba un momento de silencio.
Sin embargo, cuando un día cualquiera de la semana tomé el subterráneo desde el centro de Buenos Aires rumbo al suburbio en el que vivo, un niño de apenas 8 años (que por una sub-alimentación apenas si parecía de 6) se acercaba a cada pasajero e intentaba darle la mano para llamar su atención, no sin antes darle una estampita de San Cayetano con un mensajito escrito a mano que decía “gracias a tu ayuda podemos comer con nuestros hermanitos”. Algunos, pocos, le daban algunas monedas que les sobraban y muchos menos, apenas si le devolvían el saludo y casi ninguno ni lo miraba a la cara.
Una señora con mucho maquillaje y con ropas costosas, un joven con traje y su equipo de sonido al oído y un señor de campera, lo ignoraron totalmente. No registraron su presencia. Y si lo hicieron, le demostraron la peor de las indiferencias. El cineasta argentino y fallido político Fernando “Pino” Solanas los catalogó de “los nadies”. La Biblia nos enseña que en cada pobre, en cada hermano, está Cristo. Cada vez que un pobre, niño o viejo y aún un rico, nos pide algún tipo de ayuda, es Jesús el que está detrás. Si el mismo Jesucristo entrara al subte y supiéramos que era él, ¿sería la misma respuesta? ¿Acaso el niño no es hijo de Dios también?
¿Acaso alguien cree que por algún motivo que dependa de sí mismo no está en la misma situación? ¿Cómo entender la indiferencia? ¿Qué puede vivir alguien que haga que su corazón no sienta no ya empatía sino por lo menos compasión?
El niño del subte ignora que tiene una vida más corta que la de otros niños que comen y duermen bien todos los días y que quizás si no lo mata su frágil salud muera antes de tiempo por la explotación y la marginalidad que le espera. La prostitución, la delincuencia, la esclavitud y la peor de las miserias lo espera sentado en cada estación. La pudredumbre tiene mas tiempo que él.
¿Cuando muera, ese hermano nuestro, niño que pide monedas en el subte, tendrá al menos la misma gente que tiene una mascota? Por Dios, qué preocupado me pone lo que imagino como respuesta.

JULIO 2008
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¿Donde estaría Cristo en el Congreso argentino?

Por Daniel do Campo Spada.

congreso2.gifHace minutos, tras un empate en 36 votos, el Vicepresidente argentino Julio Cobos, como Presidente de la Cámara Alta votó en contra del gobierno que lo llevó hasta ese lugar y le dió un triunfo histórico a la derecha al voltear la Ley de Retenciones a las exportaciones agropecuarias, que logró poner en peligro la institucionalidad. Instantes después, en el barrio norte y los sectores acomodados festejaban muy bien acicalados, en lujosos autos y probablemente hoy se tomen el día libre. En los barrios pobres de las ciudades, donde se quedaron dormidos en la madrugada pensando en un ajustado triunfo de la democracia, se levantan testigos de la traición y tienen que ir a trabajar. Mas que nunca, porque será muy difícil ahora pagar la mesa cotidiana. ¿Cuanto era el kilo de lomo? ¿De que lado estaría Cristo?
De esta forma, el sector terrateniente ganó. La fuerza del dinero se impuso una vez más con una traición de madrugada. ¿Por qué la maldición de los vicepresidentes se repite ad infinitum?
Ahora vienen por más. Atacar a la democracia que les resulta tan incómoda quizá sea uno más de los pasos.
Desde una visión cristiana veamos lo siguiente: Los casi u$s 2.000 millones anuales que iban a estar destinados a construir hospitales y escuelas, termina en los bolsillos de unos empresarios. ¿Qué diría Jesús?

JULIO 2008-07-17
NOVO MundusNET Televisión
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La parte que no nos gusta.

Por Daniel do Campo Spada

catolicos_002.jpg“El reino de los cielos es semejante a un hombre, que sembró buena simiente en su campo. Pero al tiempo de dormir los hombres, vino cierto enemigo suyo y sembró zizaña en medio del trigo y se fué. Estando ya el trigo en yerba y apuntando la espiga, descubriose asi mismo la zizaña. Entonces los criados del padre de familia acudieron a él, y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena cimiente en tus campos? Pues ¿Cómo tiene zizaña? (...) ¿Quieres que vayamos a recogerla? (...) No, porque no suceda que arrancando la zizaña arranquéis justamente con ella el trigo” (Mt 13, 24-29).

A diario vemos cosas de nuestra Iglesia que no nos gustan. Padres pederastas, empresarios supuestamente cristianos que explotan a sus hermanos, manejos oscuros de organizaciones más oscuras, relaciones con sectores del poder muy lejanos del espíritu de defensa de los pobres que encarnó Cristo, etc. Pero también vemos a curas en zapatillas que viven en el barro de las villas, a feligreses que participan en las reivindicaciones de justicia social, a los voluntarios que entregan su vida en ayuda al prójimo, etc. Dicho de otra forma, dentro de la Iglesia Católica tenemos zizaña y trigo. ¿Qué hacer?
En una oportunidad, un sacerdote amigo que dijo que cuando veía algo que no le gustaba de la jerarquía le pedía a Dios (a la postre el que está por encima de todo) que mueva los corazones para el lado que corresponda y que ponga en oración todos los actos que vaya a realizar.
¿Cómo distinguir las cosas que nos gustan de las que deben ser de esa forma? Recurriendo al Evangelio. La Bilblia da a través de las parábolas todas las expliaciones. En los úlimos años, en las jerarquías de muchas de nuestras iglesias se han enquistado algunos hermanos que sucumben al contacto de los poderosos, olvidando que Cristo caminó con los de abajo. Siendo el Rey de Reyes jamás obstentó palacio, ejército o core alguna. ¿Lo imaginan con la solemnidad con la que algunos hacen besar su anillo?
En charlas con muchos creyentes me maniiestan que abandonaron la Iglesia Católica porque el crecimiento de una organización como el Opus Dei no los representa. A mí tampoco. Pero cuando decimos ¿donde está Dios? ¿No ve esto? ¿Por qué no hace algo? Ahí debemos estar nosotros, sabiendo que lo mejor para ellos ( y no para el espíritu de Cristo) es que nos retiremos, que le cedamos el espacio. Pero, como corresponde, debemos escuchar la palabra del Maestro. Hay que hacer crecer el trigo a un punto tal que la zizaña se quede sin sol, no se cosa que al arrancarla también destruyamos lo bueno.

Julio 2008.
Libre reproducción con mención de la fuente.

Pedir, pedir, pedir ayuda.

Por Daniel do Campo Spada.

“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré. Carguen sobre Ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”. (Mt 11, 25-30)

cristianismo_0041.jpeg Cuando Jesús nos dejó esas palabras, nos invitó a apoyarnos en Él, a que le pidamos ayuda. Cuando estamos tristes, pidamos ayuda. Cuando estamos solos, pidamos ayuda. Cuando estamos desorientados, pidamos ayuda. Cuando tengamos ira, pidamos ayuda. Siempre, pidamos ayuda.
Pedir ayuda es reconocer nuestra debilidad y saber cuáles son nuestros límites, lo que por otra parte nos termina liberando de objetivos que probablemente no alcancemos aunque pongamos nuestra vida en ello. ¿Por qué esforzarse en ser eternamente jóvenes desde lo físico si el paso del tiempo es irreversible? ¿Por qué queres ser el mejor en todo cuando para ello se necesitaría restarle tiempo a las cosas esenciales? ¿Por qué acumular riquezas si indefectiblemente nos vamos desnudos como vinimos? ¿Para qué dominar a otro si todos somos pequeños ante la Creación? ¿Acaso no nos causaría gracia que una hormiga se sienta la diosa del universo porque es superior a todas sus pares? ¿Cuanto tardaría un pisotón en terminar con sus delirios de grandeza? Así somos nosotros ante la vida. Nos empeñamos en los puestos de éxito y fortuna como si la felicidad estuviera allí o se pudiera comprar en un comercio.
Querer esos espacios es ser soberbio. Según la Real Academia Española es aquel que “es altivo, arrogante”. Como vemos, muy lejos de la forma de ser de Cristo, que se mezcló con los humildes y los pobres siendo el REY. “Jesús dijo:´Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo ocultdo estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has rebelado a los pequeños” (Mt 11, 25). “Yo les aseguro que no se ha presentado entre los hombres profeta más grande que Juan Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más que él” (Mt 11, 11).
Y el soberbio no pide ayuda, porque se cree autosificiente, y aunque parezca mentira, ese papel pesa. Por ello, liberemos nuestro peso y pidamos que Dios nos asista. Cuando estamos cansados, cuando obramos mal, cuando ignoramos, siempre pidamos ayuda. Que Dios responderá.
¿Y si no me da lo que le pido? Esta frase no las hemos hecho permanentemente, pero vamos a tratar de responderla con un ejemplo. ¿Cuando vamos al médico le decimos nosotros qué enfermedad queremos tener y qué nos debe recetar, o escuchamos lo que nos dicen?
¿Por qué debería ser diferente nuestra relación con Dios?
Un cuento popular dice que “un hombre se hallaba rezando arrodillado ante la cruz en una Iglesia y le imploraba al Cristo:
-¿Por qué siempre estás en silencio? ¿Por qué nunca hablas?
Cuando no esperaba respuestas, escucha al Cristo crucificado que se baja de la Cruz y le interroga:
-¿Querés respuesta a mi silencio?
-Sí, claro.- Contesta el hombre, todavía perturbado por la situación.
-Bien. -le dice Jesús-. Te invito a qué ocupes mi lugar y lo verás.
El hombre se cuelga de la Cruz y comienza a escuchar los rezos de todos.
En eso ingresa un rico y pide más dinero que el que ya trae en una bolsa, que olvida cuando sale del templo.
Luego, ingresa un fiel muy pobre y al arrodillarse, ve el paquete de dinero y se lo lleva.
Tras este, llega otro hombre pidiendo que la vida le de una oportunidad para conseguir dinero para un viaje a través del mar y cuando estaba entre oraciones retorna el rico.
-¿Señor, no ha visto una bolsa con dinero ahí?
-No. -Responde. -Acabo de entrar y no he visto nada.
El rico se retira prometiendo que si sabe quien la tiene, le dará una jugosa recompensa.
Cuando quedan solos el último hombre, quien reemplazaba a Jesús, que había visto todo le chista y le dice:
-Ey, yo sé quien se la llevó.
-¿Quién fué?
-Uno que salió calle abajo. Estaba harapiento y con una camisa blanca.
El hombre sale corriendo sin decir gracias, encuentra al pobre, le devuelve la bolsa de dinero al rico y se queda con una jugosa recompensa.

Al rato, aparece Jesús y le dice: -¿Cómo te fué?
-Genial. Pude hacer justicia. Un señor que había perdido su dinero pudo recuperarlo... claro, gracias a que yo hablé.
Jesús hace silencio y mirando a los ojos al incrédulo le explica:
-El pobre necesitaba ese dinero para comprar un remedio para su madre que se muere. El que lo encontró, se compró un pasaje en un barco que mañana se hundirá y morirá. Y el rico, con ese dinero violó a una chica virgen del pueblo.”

Pidamos, pidamos, pidamos. Y aunque creamos que no nos escucha, sepamos que por algo es.