Cuando todos sentimos tristeza y vergüenza.
Por Daniel do Campo Spada
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El asesinato de los religiosos palotinos en la Ciudad de Buenos Aires en el año 1976 puso de relieve la historia de nuestros mártires contemporáneos. En un momento de horror, algunos se atrevían aún a profesar el Evangelio de Cristo y aquellos que solo querían sumir a la Argentina en la peor sombra de su historia no se lo perdonaron. Cuando a la mañana siguiente, en pleno 4 de Julio, con una Embajada de Estados Unidos engalanada por los festejos de su independencia y con las visitas de todos los funcionarios del gobierno de facto las puertas de la Parroquia San Patricio del barrio porteño de Belgrano no se habrían para la misa todos imaginaron que algo había ocurrido, sin sospechar el grado de sadismo en el que fueron asesinados por fuerzas militares los sacerdores Alfredo Kelly, Alfredo Leaden y Pedro Dufau y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti.
Los cinco cuerpos se encontraban alineados en el piso, como si hubiera efectivamente habido un fusilamiento, que no escatimó usar la propia sangre de las víctimas para escribir en las paredes y alfombras las frases "Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal. Venceremos. Viva la Patria" y "Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son M.S.T.M." Nunca estuvieron más cerca de Jesús que en ese martirio que deben haber sentido en carne propia durante la madrugada. Estos no son textos periodísticos y no quiero que mi profesión me traicione, por lo que quiero remitirme solamente al mensaje cristiano de quienes entregaron la vida en medio de muchos asustados, muchos cobardes y también muchos cómplices que aún hoy en día dicen llamarse católicos. Ya no los había advertido Jesús, que entre nosotros el Diablo se haría presente con ropas de cordero.
Quienes eran habitués saben que los hermanos mencionados hablaban de paz en un contexto en el que otros que también se identifican como cristianos mataban usando a Jesús como excusa. “No me invocarás en vano”, dice nuestro hermano mayor y en esta masacre ello quedó de manifiesto. Nuestros muertos, a los cuales rendiremos el merecido recuerdo y homenaje, fueron asesinados por otros que tambien llevan nuestros crucifijos colgados al pecho. ¿Creeríamos acaso por un segundo (y no más de eso) que Cristo ajustaría cuentas de esa manera? Si hacemos un paralelismo, en lugar de la mansedumbre del que se sabe Rey en serio y el ataque de los jerarcas judíos de ese momento, estos criminales hubieran torturado a los rabinos, dinamitado el templo y desaparecer a todos aquellos que se atrevieran a contradecirlos. De esa forma, el Hijo de Dios jamás hubiera podido mostrar toda su GRANDEZA.
Que DIOS los BENDIGA.
Octubre 2008
Libre reproducción con mención de la fuente.


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Qué ricas que son las escrituras, que a pesar de cientos de lecturas siempre esconden miles de enseñanzas distintas. Las Profecías de Ezequiel tienen unos sabios párrafos que deberíamos repasar ante cada momento en el que tengamos la sensación de que nuestra Iglesia parece ir por un camino distinto al que creemos que deberia tener. ¿Cuáñ debería ser nuestra actitud? ¿Irnos sin avisar? ¿Aceptar sin modificar nada con una actitud pasiva-cómplice?
“Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se le aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pedro le dijo a Jesús “Señor, que bien que estamos aquí!”. (Mateo 17, 1-4)
Doctor en Teología, es el director espiritual y administrador de la abadía de Munsterschwarzach y se ha convertido en uno de los más variados y extensos escribas de espiritualidad cristianos del mundo. Sus textos, afortunadamente llegan en forma intensiva a los lectores en castellano y merecen leerse.
En los últimos meses estamos viendo un triste crecimiento de la violencia mediática. Los canales de televisión se regodean morbosamente mostrando cómo una adolescente española le pegaba desmedidamente a una inmigrante ecuatoriana que yacía inerte en el piso. Alguien, detrás de una cámara que registraba la escena que luego fue subida a internet, la alentaba a que la matara. En Argentina, una banda de niños acomodados, salían con sus lujosas camionetas 4 x 4 a molestar a todos los transeúntes que tuvieran aspecto de pobres. Les tiraban la camioneta encima, les destrozaban las pocas pertenencias que tuvieran encima, y luego los golpeaban. Fornidos jóvenes bien alimentados y probablemente con tiempo libre para entrenarse en modernos gimnasios descargaban su violencia disfrutando de la humillación hacia el indefenso. Todo filmado y subido risueñamente en un sitio web.
Hace minutos, tras un empate en 36 votos, el Vicepresidente argentino Julio Cobos, como Presidente de la Cámara Alta votó en contra del gobierno que lo llevó hasta ese lugar y le dió un triunfo histórico a la derecha al voltear la Ley de Retenciones a las exportaciones agropecuarias, que logró poner en peligro la institucionalidad. Instantes después, en el barrio norte y los sectores acomodados festejaban muy bien acicalados, en lujosos autos y probablemente hoy se tomen el día libre. En los barrios pobres de las ciudades, donde se quedaron dormidos en la madrugada pensando en un ajustado triunfo de la democracia, se levantan testigos de la traición y tienen que ir a trabajar. Mas que nunca, porque será muy difícil ahora pagar la mesa cotidiana. ¿Cuanto era el kilo de lomo? ¿De que lado estaría Cristo?
“El reino de los cielos es semejante a un hombre, que sembró buena simiente en su campo. Pero al tiempo de dormir los hombres, vino cierto enemigo suyo y sembró zizaña en medio del trigo y se fué. Estando ya el trigo en yerba y apuntando la espiga, descubriose asi mismo la zizaña. Entonces los criados del padre de familia acudieron a él, y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena cimiente en tus campos? Pues ¿Cómo tiene zizaña? (...) ¿Quieres que vayamos a recogerla? (...) No, porque no suceda que arrancando la zizaña arranquéis justamente con ella el trigo” (Mt 13, 24-29).
Cuando Jesús nos dejó esas palabras, nos invitó a apoyarnos en Él, a que le pidamos ayuda. Cuando estamos tristes, pidamos ayuda. Cuando estamos solos, pidamos ayuda. Cuando estamos desorientados, pidamos ayuda. Cuando tengamos ira, pidamos ayuda. Siempre, pidamos ayuda.
Una vez al año, la cristiandad recordamos a San Pedro y San Pablo. Ambos, aunque con diferencia de edad en favor del primer Papa, fueron contemporáneos y según los sacerdotes consultados, las investigaciones registran cuatro encuentros. Ambos fueron fundamentales para la consolidación de nuestra religión, aún partiendo de sus diferentes personalidades. Murieron en martirio y eso los igualó a Cristo, y los dos provenían del pueblo, eran gente común y eso los iguala con nosotros. Mas allá de la resignificación que en los últimos siglos tuvo en festividades populares rayanas con el paganismo, una visión integradora de nuestros hermanos nos permite establecer una síntesis del cristiano esperado.
