“En el plano interreligioso es oportuno poner de relieve cómo para los creyentes en Cristo el reconocimiento de las culpas pasadas por parte de la Iglesia es conforme a las exigencias de la fidelidad al Evangelio y, por tanto, constituye un luminoso testimonio de su fe en la verdad y en la misericordia del Dios revelado por Jesús.” (Comisión Teológica Internacional. Memoria y Reconciliación: La Iglesia y las culpas del pasado. (Punto 6.3). Documentos Eclesiales. Buenos Aires. Ediciones San Pablo. 2000. Pág. 97)
Por Daniel do Campo Spada
Habitualmente nos dicen que no es correcto dar a conocer en un blog nuestros problemas como cristianos. Quizás allí se escondan dos ideas de Iglesia. Por un lado, la que la concibe como un hecho reservado, cuasi secreto, de lo que no se habla. Por el otro, estamos los que la entendemos como una gran asamblea del Pueblo de Dios. Cada misa es una referencia a esta idea. Mas allá de los aspectos rituales, recuerda nuestros orígenes, en los que los hermanos perseguidos se reunían en cuevas para comentar la Palabra y compartir sus dudas y necesidades. El debate es necesario en nuestra condición de cristianos. Y quien debate, puede encontrar errores y quien se equivoca, debe pedir perdón. Porque no es lo mismo un mal acto hecho en forma inconsciente que uno realizado premeditadamente. Si al haber ocurrido, repasando nuestras acciones, encontramos que hemos hecho daño, el pedido de perdón debe ser inmediato.
Nuestra Iglesia, cuerpo vivo compuesto de millones de fieles esparcidos en todos los continentes, ha cometido errores. Sobre todo cuando los hermanos o nosotros, nos creemos únicos poseedores de la verdad, olvidando las enseñanzas de Jesús. El condicionante histórico puede dar por cerrada una vida particular en la tierra, pero el cuerpo de la Iglesia sigue vivo en cada bautizado. Por ello, desde Cristo en adelante, somos una continuidad. El Documento citado al comienzo de este párrafo, es muy esclarecedor al respecto. Si algún hermano, actuando como hombre en lugar de como hijo de Dios cometió excesos, esa culpa anida en el cuerpo de nuestra comunidad y por ello es válido pedir perdón.
En pro del diálogo con las hermanas Iglesias Cristianas Ortodoxas, hay un manto de perdón hacia los hijos que nacieron en ellas generaciones después de la separación, de la cual es probable que nosotros los Católicos también tengamos parte de culpa. De hecho, Jesús jamás aprobaría la separación de Su Iglesia. Nuestros rituales y la línea de consagración bautismal tiene el mismo origen y ello no es reversible, pero sí un futuro en el que volvamos a estar juntos. El Documento afirma al respecto que “Comunidades no pequeñas se separaron de la plena comunión de la Iglesia católica, a veces no sin culpa de los hombres por una y otra parte. Sin embargo, quienes ahora nacen en esas comunidades y se nutren con la fe de Cristo no pueden ser acusados de pecado de separación, y la Iglesia católica los abraza con fraterno respeto y amor”.1 Este párrafo también pertenece a uno de los momentos mas gloriosos de nuestra Iglesia contemporánea que fué el Concilio Vaticano II, en su Decreto “Unitatis redintegratio” de 1964.
Respecto a un hecho que ha tenido mucha difusión a lo largo de los siglos, como es la Inquisición, Juan Pablo II, que el Santo Padre al momento de emitirse este documento, advierte que las reconstrucciones para pedir perdón deben ser hechas con sumo cuidado, porque muchas veces son deformadas a nivel de la opinión pública y no se corresponden con los hechos reales. A lo que dijo Su Santidad habría que agregarle el necesario elemento de la interpretación de época, ya que las culturas son elementos en permanente movimiento y no siempre se puede ver un mismo hecho desde un tiempo cronológico distinto.
Por ello, es válido el revisar el accionar y si es necesario pedir perdón, que es pedirle perdón a Dios fundamentalmente, ya que si en cada hermano vemos a Jesús, cuando nos equivocamos también los hacemos con él.
ENERO 2009-02-01
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