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Categoría: Espiritualidad

¿En qué mundo vivimos?

mundus 27/05/2008 @ 18:15

Por Daniel do Campo Spada.En que mundo vivimos

En una de sus misas al frente de la parroquia San José de los Obreros de la localidad bonaerense de Gerli, el Padre Jorge (aunque él no lo sepa el responsable de mi regreso a la Iglesia) dijo: “Si les pregunto quién cree que en el cielo vamos a tener una vida mejor, todos levantan la mano. Pero si yo les pregunto quién se quiere ir primero, nadie levanta la mano ¿no?”. Ese interrogante quedó rebotando en mis pensamientos muchísimo tiempo. ¿Realmente no me iría? El transcurrir de los años despiertan en muchos (entre los que estoy incluído) el sentimiento propio de la condición de peregrinos.
Peregrino es aquel que camina, que anda, hacia algún lugar. En nuestro caso ello es la Casa del Padre, donde Dios nos prepara una alborada para cada uno. De esto toman consciencia quienes saben disfrutar de su vejez, viviéndola como el que ya ha hecho la tarea. Una alumna, en una oportunidad me dijo que ella no quería saber nada con morirse. Como ejemplo de emergencia se me ocurrió una extrapolación. “¿Cuándo estás más contenta? ¿Cuando empezás una tarea difícil o cuando la terminás?”, le dije. La respuesta fué obvia. “Cuando termino soy más feliz”. Eso es la vida, en definitiva. Una tarea difícil.
Aferrarse a esta vida en exceso es apostar a un activo inestable e imprevisible. “Vivimos así, tiroreados entre el proyecto de Jesús, de entrega y servicio, y el proyecto del mundo, de sometimiento y dominación.” (La liturgia cotidiana. Buenos Aires. Ediciones San Pablo. Mayo 2008, Ciclo A, N° 105. Pág 69).
Muertes, injusticias, malestares varios, enfermedades, traiciones... ¿Qué nos hace adorar a un espacio en el que el Príncipe es el mismísimo Diablo? Repasemos un poco el lugar en el que estamos. La humanidad se debate ante una crisis alimentaria perversa. A pesar de que somos 6 mil millones de habitantes, mal distribuidos y hacinados, hay capacidad técnica de producir alimentos para el doble de personas. Entonces ¿cómo justificamos que la tercera parte de la humanidad se muera de hambre? ¿Puedo, no ya desde la fé sino de la más mínima ética anteponer problemas comerciales al derecho a comer? Argentina produce y exporta alimentos como nunca en su vida, aunque está al borde dejar a su población desbastecida. El lucro por el lucro mismo, ha hecho que fabriquemos alimentos de forraje para los animales del primer mundo. Dicho de otra forma. La producción de países pobres está destinada no a su gente sino a engordar los animales de los países ricos. Para peor, lo que quedaría, está destinado a los agrocombustibles de los coches de las sociedades ricas. Millones de personas se morirán de hambre en los próximos años para que unos pocos en la otra punta del mundo coman abundantemente y disfruten de niveles de confort obstentosos.
Seguimos con otra imagen tristemente cotidiana en nuestra América Latina. Familias completas son desplazadas por policías armados y encapuchados porque algo tan artificial como el poseer dinero (auténtico dios pagano) determina un derecho humano básico. En Europa, donde reina la xenofobia Italia expulsa a los inmigrantes con un trato peor que el que se le da a un animal, por el solo hecho de “ser inmigrantes ilegales”. Incluso, desde la llegada del magnate Silvio Berlusconi se ha legislado para dejar en prisión desde seis meses a seis años a los que sean sorprendidos en flagrante infracción de “extranjeridad”. El inmigrante es alguien que huye de la pobreza. ¿Puede ser culpable de ser pobre alguien? ¿Si no tenemos dinero podemos ser considerados una escoria? ¿Podemos los cristianos aceptar pasivamente esto sabiendo que está fuera de toda lógica humana?
Nuestra condición de seres históricos que el Padre ha dispuesto nos obliga a tomar partido. Claro, mientras estemos aquí.

Mayo 2008

Los espacios para la oración

mundus 05/05/2008 @ 23:29

Reflexión sobre la oración.

Por Daniel do Campo Spada.

La javascript:void()oración es una herramienta poderosísima que Jesús nos ha dejado. Aunque proviene de tiempos inmemoriales, algo tan extendido incluso a todas las religiones solo puede provenir de Dios. Sin embargo, el hijo del Hombre nos ha dejado sutiles enseñanzas que se hacen dificiles de cumplir en la actual vida moderna. La aceleración y el “lleno” de todos los espacios físicos nos complica encontrar ese monte en el cual podamos recluirnos.
La vida cotidiana y los denominados valores modernos no permiten que el cristiano “se aparte” para entrar en contacto íntimo con el Padre. Casi no quedan espacios públicos en las grandes ciudades que se puedan usar con recato. En las casas, invadidas por los medios audioviduales o de reproducción electrónica se han encargado de llenar los espacios.
¿Cómo orar?
El silencio es un bien tan preciado como escaso, pero bien puede ser el lugar en el cual nos refugiemos aunque en el exterior de nuestro cuerpo estén los ruidos de la calle, de los otros hermanos o de los elementos que dicen hacer mejor nuestra vida.
Cuando no era mala palabra ser creyente y practicante, los hogares tenían un pequeño “altarcito”, que desde la pequeñez que ello implica permitía el espacio para orar. Otro de los problemas cotidianos es el tiempo. Tiempo y espacio. Preciados tesoros.
Adherimos a la frase publicada en el Rosario de la Sanación de Gustavo Jamut (Buenos Aires, Ediciones San Pablo, 2005, Pág 12) que en el comentario al cuarto misterio luminoso agrega:
“...Te pedimos Señor, que así como llamabas con frecuencia a tus discípulos, a ir a un lugar apartado para orar al Padre, también suscites en cada uno de nosotros el anhelo de crear cada día momentos de desierto para contemplar tu rostro”.
Aún en una gran urbe como Buenos Aires siempre hay un espacio donde esconderse. En la Capital argentina recomiendo la Autopista Richieri, rumbo al Aeropuerto de Ezeiza, se puede llegar también en colectivo. Un árbol y unos metros a la redonda con tranquilidad pueden ser suficientes. Y si no es posible, por lo menos con silencio, llegar a Jesús. Recordemos que Él nos dijo que estará con nosotros hasta el fin de los días. (Mateo 18, 16-20).

Mayo 2008-05-06
TECUM – NOVO MundusNET
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