¡Pobres ateos!
Por Daniel do Campo Spada.
Durante enero y febrero de 2009, no más de un millar ateos militantes se dedicaron a recorrer Europa proclamando “Dios no existe”. Lo paradójico es que el mensaje de supuesta felicidad que proclamaban a través de los laterales de los autobuses alquilados a tal efecto, era “ya no debés preocuparte”. ¡¿!? Evidentemente no entendieron nada.
“El que quiera oír que oiga”, dice la Biblia. Pero mas allá en una guerra de argumentos vacíos, vamos a analizar qué feo y triste debe ser pensar como ateo. Cuando ellos manifiestan “ya no debes preocuparte”, ¿que significa? ¿Que Dios es una preocupación? Suponiendo que El Creador no existiera y nos enredáramos en complejas teorías de física cuántica respecto al origen del mundo, deberíamos aceptar como una fatalidad que nuestro destino biológico es igual al de una planta o un microbio. Mutar hasta morir y listo! ¿Eso representa felicidad?
“Disfrutá”! Decía uno de los micros que se pasearon por Gran Bretaña, Francia, Italia, Alemania y España. ¿Qué hay para disfrutar? ¿Este mundo injusto, en el que muchos mueren sin saber por qué en Palestina, otros matan por placer en Guantánamo, mientras en Nueva York encienden sus habanos con billetes que le faltan a los niños del tercer mundo que mueren con enfermedades estomacales por tomar agua de las zanjas? ¿Esto es lo que hay que disfrutar?
Sin duda alguna que no ven a Dios como esperanza. ¿Qué es tener esperanza? Saber que hay una vida trascendente en el cual Jesús nos prepara una morada a cada uno de nosotros, para vivir con EL y los nuestros por la eternidad en paz. Y a ese lugar dorado se llega siendo buena persona, porque el perdón infinito de Dios sabrá comprender la ignorancia del que no cree pero que se ha comportado conforme a los principios cristianos. (Ojo, que hay muchos que se mencionan cristianos y hasta reciben salutaciones de Su Santidad, pero luego mandan a asesinar a inocentes en cualquier lugar del mundo. El sabrá que tiene que hacer con ellos.)
Lo incomprensible es salir festivamente a festejar la desesperanza. ¡Es salir a celebrar que nuestro destino no puede escapar de esta realidad agobiante! Aunque la comparación no resiste en lo más mínimo las dimensiones de la Fé, pero... ¿Ud, si lee esto y es ateo, saldría a festejar que no tendrá descanso, ni paz?
“Quien quiera salvar su vida la perderá”, dijo Jesús. Quien quiera atarse desesperadamente a esta existencia física, se pierde lo mejor, que es la vida trascendente y eterna. Aún para los más racionalistas, es muy mal negocio.
ENERO 2009-01-17
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Meneame
del.icio.us
Cuando veo a un sacerdote, admiro en él su bendición de haber sido llamado por Dios para dedicar su vida al servicio de la Iglesia. Para estar allí no solo dedica su vida completa, sino que a debido resignar la posibilidad de formar una familia, amar a una mujer y dejar a su familia originaria en pos del destino que sus superiores determinen. Si somos llamados a una tarea solidaria, ¿cuántas horas, días o meses estaremos sin fastidiarnos, sin reclamar volver a nuestras urgencias? Solo los elegidos por Dios pueden hacerlo, porque es El el que nos elije y no al revés.
Los Apóstoles fueron el ejemplo de los primeros cristianos que aún hoy deberíamos tener en cuenta. De la misma forma que Jesús les enseñó ellos tenían en claro que las posesiones terrenas no son el objetivo de quien quiere llegar a Dios. En muchos de nuestros textos venimos trabajando la idea de que el actual consumismo no conduce hacia ningún lugar. La declinación biológica es irreversible e indetenible. Quienes creemos que la vida trascendente es la que cuenta, deberíamos tener cuidado en el énfasis que se pone en la propiedad de las cosas, que apenas serán polvo en el día del Juicio.
Cristo se manifiesta a través de sus fieles, de los documentos de su Iglesia y de la historia de su pueblo. En el medio surgen contradicciones. A cotidiano estamos incómodos con algunas decisiones tomadas por nuestros hermanos. El tiempo, gran sabio, termina demostrando quien tenía razón. Pero mas allá de esas cosas de nuestra comunidad que debatimos en otras líneas, también hay cosas que nosotros hacemos sin poner al Evangelio por delante.
Cuando llegan estos días conviven dos situaciones extremas. Los que a través del consumismo desenfrenado revisten los festejos de Nochebuena, Navidad y Año Nuevo con estridencias y ruido, ante la imposibilidad de poder reflexionar y escuchar al otro. Por el otro lado, están aquellos que, conscientes de ese correr hacia ningún lado quisieran aislarse y esconderse. No es casual que los Monasterios tengan en esta época la máxima demanda. ¿Donde ir cuándo todo son saludos superficiales, de plástico, automáticos, ruidosos y poco sinceros? Difícil respuesta que no tenemos.
Como cierre de esta serie de notas sobre esta temática, queremos hacer una crítica a dos notas aparecidas en dos revistas muy rescatables y recomendables como son Familia Cristiana y Nueva Lectura que habitualmente seguimos mas allá de algunas disidencias en algunos escritos sobre sociedad, historia o política. La diferencia no aplaca el respeto.
Quizás no haya párrafo en la Biblia más hermoso que el de las conocidas como “Bienaventuranzas” que Jesús le comunicó a sus discípulos poco tiempo antes de partir. A pesar de que el Nuevo Testamento según Lucas es uno de los más duros, en ese capítulo brota toda la bondad y esperanza que nos depara el Señor.
Qué ricas que son las escrituras, que a pesar de cientos de lecturas siempre esconden miles de enseñanzas distintas. Las Profecías de Ezequiel tienen unos sabios párrafos que deberíamos repasar ante cada momento en el que tengamos la sensación de que nuestra Iglesia parece ir por un camino distinto al que creemos que deberia tener. ¿Cuáñ debería ser nuestra actitud? ¿Irnos sin avisar? ¿Aceptar sin modificar nada con una actitud pasiva-cómplice?
