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Categoría: Espiritualidad

El niño del subte

mundus 29/07/2008 @ 01:48

Por Daniel do Campo Spadasubte.jpeg

Quince días antes de la vivencia que disparó el comentario de este artículo, falleció nuestra mascota “Dalila”. Después de 17 años de entrega desinteresada merece un apartado, pero no en esta oportunidad. A su “entierro” en nuestro jardín asistieron no menos de seis familiares y una mascota más pequeña. Lloramos y estuvimos tristes muchos días. Muchos de nuestros allegados también se apenaron. Contar la historia a los conocidos generaba un momento de silencio.
Sin embargo, cuando un día cualquiera de la semana tomé el subterráneo desde el centro de Buenos Aires rumbo al suburbio en el que vivo, un niño de apenas 8 años (que por una sub-alimentación apenas si parecía de 6) se acercaba a cada pasajero e intentaba darle la mano para llamar su atención, no sin antes darle una estampita de San Cayetano con un mensajito escrito a mano que decía “gracias a tu ayuda podemos comer con nuestros hermanitos”. Algunos, pocos, le daban algunas monedas que les sobraban y muchos menos, apenas si le devolvían el saludo y casi ninguno ni lo miraba a la cara.
Una señora con mucho maquillaje y con ropas costosas, un joven con traje y su equipo de sonido al oído y un señor de campera, lo ignoraron totalmente. No registraron su presencia. Y si lo hicieron, le demostraron la peor de las indiferencias. El cineasta argentino y fallido político Fernando “Pino” Solanas los catalogó de “los nadies”. La Biblia nos enseña que en cada pobre, en cada hermano, está Cristo. Cada vez que un pobre, niño o viejo y aún un rico, nos pide algún tipo de ayuda, es Jesús el que está detrás. Si el mismo Jesucristo entrara al subte y supiéramos que era él, ¿sería la misma respuesta? ¿Acaso el niño no es hijo de Dios también?
¿Acaso alguien cree que por algún motivo que dependa de sí mismo no está en la misma situación? ¿Cómo entender la indiferencia? ¿Qué puede vivir alguien que haga que su corazón no sienta no ya empatía sino por lo menos compasión?
El niño del subte ignora que tiene una vida más corta que la de otros niños que comen y duermen bien todos los días y que quizás si no lo mata su frágil salud muera antes de tiempo por la explotación y la marginalidad que le espera. La prostitución, la delincuencia, la esclavitud y la peor de las miserias lo espera sentado en cada estación. La pudredumbre tiene mas tiempo que él.
¿Cuando muera, ese hermano nuestro, niño que pide monedas en el subte, tendrá al menos la misma gente que tiene una mascota? Por Dios, qué preocupado me pone lo que imagino como respuesta.

JULIO 2008
Libre reproducción con mención de la fuente.

Pedir, pedir, pedir ayuda.

mundus 08/07/2008 @ 18:35

Por Daniel do Campo Spada.

“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré. Carguen sobre Ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”. (Mt 11, 25-30)

cristianismo_0041.jpeg Cuando Jesús nos dejó esas palabras, nos invitó a apoyarnos en Él, a que le pidamos ayuda. Cuando estamos tristes, pidamos ayuda. Cuando estamos solos, pidamos ayuda. Cuando estamos desorientados, pidamos ayuda. Cuando tengamos ira, pidamos ayuda. Siempre, pidamos ayuda.
Pedir ayuda es reconocer nuestra debilidad y saber cuáles son nuestros límites, lo que por otra parte nos termina liberando de objetivos que probablemente no alcancemos aunque pongamos nuestra vida en ello. ¿Por qué esforzarse en ser eternamente jóvenes desde lo físico si el paso del tiempo es irreversible? ¿Por qué queres ser el mejor en todo cuando para ello se necesitaría restarle tiempo a las cosas esenciales? ¿Por qué acumular riquezas si indefectiblemente nos vamos desnudos como vinimos? ¿Para qué dominar a otro si todos somos pequeños ante la Creación? ¿Acaso no nos causaría gracia que una hormiga se sienta la diosa del universo porque es superior a todas sus pares? ¿Cuanto tardaría un pisotón en terminar con sus delirios de grandeza? Así somos nosotros ante la vida. Nos empeñamos en los puestos de éxito y fortuna como si la felicidad estuviera allí o se pudiera comprar en un comercio.
Querer esos espacios es ser soberbio. Según la Real Academia Española es aquel que “es altivo, arrogante”. Como vemos, muy lejos de la forma de ser de Cristo, que se mezcló con los humildes y los pobres siendo el REY. “Jesús dijo:´Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo ocultdo estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has rebelado a los pequeños” (Mt 11, 25). “Yo les aseguro que no se ha presentado entre los hombres profeta más grande que Juan Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más que él” (Mt 11, 11).
Y el soberbio no pide ayuda, porque se cree autosificiente, y aunque parezca mentira, ese papel pesa. Por ello, liberemos nuestro peso y pidamos que Dios nos asista. Cuando estamos cansados, cuando obramos mal, cuando ignoramos, siempre pidamos ayuda. Que Dios responderá.
¿Y si no me da lo que le pido? Esta frase no las hemos hecho permanentemente, pero vamos a tratar de responderla con un ejemplo. ¿Cuando vamos al médico le decimos nosotros qué enfermedad queremos tener y qué nos debe recetar, o escuchamos lo que nos dicen?
¿Por qué debería ser diferente nuestra relación con Dios?
Un cuento popular dice que “un hombre se hallaba rezando arrodillado ante la cruz en una Iglesia y le imploraba al Cristo:
-¿Por qué siempre estás en silencio? ¿Por qué nunca hablas?
Cuando no esperaba respuestas, escucha al Cristo crucificado que se baja de la Cruz y le interroga:
-¿Querés respuesta a mi silencio?
-Sí, claro.- Contesta el hombre, todavía perturbado por la situación.
-Bien. -le dice Jesús-. Te invito a qué ocupes mi lugar y lo verás.
El hombre se cuelga de la Cruz y comienza a escuchar los rezos de todos.
En eso ingresa un rico y pide más dinero que el que ya trae en una bolsa, que olvida cuando sale del templo.
Luego, ingresa un fiel muy pobre y al arrodillarse, ve el paquete de dinero y se lo lleva.
Tras este, llega otro hombre pidiendo que la vida le de una oportunidad para conseguir dinero para un viaje a través del mar y cuando estaba entre oraciones retorna el rico.
-¿Señor, no ha visto una bolsa con dinero ahí?
-No. -Responde. -Acabo de entrar y no he visto nada.
El rico se retira prometiendo que si sabe quien la tiene, le dará una jugosa recompensa.
Cuando quedan solos el último hombre, quien reemplazaba a Jesús, que había visto todo le chista y le dice:
-Ey, yo sé quien se la llevó.
-¿Quién fué?
-Uno que salió calle abajo. Estaba harapiento y con una camisa blanca.
El hombre sale corriendo sin decir gracias, encuentra al pobre, le devuelve la bolsa de dinero al rico y se queda con una jugosa recompensa.

Al rato, aparece Jesús y le dice: -¿Cómo te fué?
-Genial. Pude hacer justicia. Un señor que había perdido su dinero pudo recuperarlo... claro, gracias a que yo hablé.
Jesús hace silencio y mirando a los ojos al incrédulo le explica:
-El pobre necesitaba ese dinero para comprar un remedio para su madre que se muere. El que lo encontró, se compró un pasaje en un barco que mañana se hundirá y morirá. Y el rico, con ese dinero violó a una chica virgen del pueblo.”

Pidamos, pidamos, pidamos. Y aunque creamos que no nos escucha, sepamos que por algo es.

San Pedro y San Pablo.

mundus 30/06/2008 @ 00:41

Por Daniel do Campo Spada

sanpablo_01.jpeg Una vez al año, la cristiandad recordamos a San Pedro y San Pablo. Ambos, aunque con diferencia de edad en favor del primer Papa, fueron contemporáneos y según los sacerdotes consultados, las investigaciones registran cuatro encuentros. Ambos fueron fundamentales para la consolidación de nuestra religión, aún partiendo de sus diferentes personalidades. Murieron en martirio y eso los igualó a Cristo, y los dos provenían del pueblo, eran gente común y eso los iguala con nosotros. Mas allá de la resignificación que en los últimos siglos tuvo en festividades populares rayanas con el paganismo, una visión integradora de nuestros hermanos nos permite establecer una síntesis del cristiano esperado.
Pedro era un rudo pescador, aparentemente tosco desde lo intelectual. La rudeza de su trabajo no le hizo perder sin embargo la sensibilidad necesaria como para tener presente a Dios y poder “reconocer” de entre la multitud al Mesías que lo llamó. Pudo darse cuenta que ese nazareno que lo invitaba a dejar todo y partir tras él era el Hijo de Dios. ¿Cómo hubiéramos reaccionado nosotros antes de que las sagradas escrituras nos lo hubieran contado todo? Porque hoy todos nos iríamos detrás de Cristo. HOY. Pero en ese momento, cuando el Señor de la Historia compartió sus días con nosotros, ¿hubiéramos estado tan seguros? Solo la providencia divina puede darnos en esos momentos la señal que nos permita discernir un llamado. Por eso, pensar en Pedro, un hombre que salió del pueblo, que dedicó su vida a nuestra Iglesia naciente, que se convirtió en “la roca” sobre la que se construyó este presente es una invitación a que el Señor ilumine las vocaciones de los que han sido elegidos, para que no tengan dudas de su destino de pastores.
Pablo, provenía de la administración pública e incluso se dedicaba a perseguir cristianos, hasta que Dios se le apareció con tal contundencia que no dudó en creer en esa voz que le preguntaba “¿Pablo, por qué me persigues?”. El Creador lo llamaba por su nombre. Hombre formado culturalmente, representó la posición contraria a la de Pedro, quien quería una difusión de La Palabra solo para los creyentes, algo muy propio de su raíz judía. Pablo, en cambio, fue el gran difusor, entendiendo que es misión del cristiano llevar la revelación del Reino hasta el último rincón del mundo, para que lo escuche hasta el último ser humano. La misión primera es que todos sepan. Después es responsabilidad de cada oyente convertirse en CREYENTE.
La pregunta es... ¿hablamos de Dios en nuestros trabajos, en nuestra familia, entre nuestros amigos, en los lugares públicos o nos guardamos las enseñanzas de Dios para un grupo selecto? ¿Tenemos la soberbia del intelectual o la bonomía del que sabe sus limitaciones? Un cristiano de hoy debe ser una síntesis de ello. Difundir por todos los medios, pero conservando la cautela del tosco quien no da rápidos pasos de los cuales luego pueda arrepentirse.

Junio 2008
Libre reproducción con mención de la fuente.

Las urgencias cotidianas a la luz de Cristo.

mundus 23/06/2008 @ 01:57

Por Daniel do Campo Spada.

bar.gif El actual modo de vida, enfermos por muchos lados, ligado a las ncesidades de lucro del capitalismo, nos lleva a hacer demasiado hincapié en las urgencias cotidianas. A ello contribuye el uso pernicioso de las nuevas tecnologías, que nos muestra a personas absesivamente mirando las pantallas de sus celulares o revisando en pequeños intervalos los e-mails de sus computadoras.
¿Probaron no usar el celular? Quien esto escribe lo hace desde hace un tiempo, y mas allá de la inicial sensación de vértigo personal, lo más asombroso fue el enojo de los demás “por no estar a disposición”. ¿Son realmente necesarias muchas de las urgencias, de los llamados de ALTA PRORIDAD?
En la carta de Santiago, las escrituras dicen “Ustedes, los que ahora dicen ´Hoy o mañana iremos a tal ciudad y nos quedaremos allí todo el año, haremos negocio y ganaremos dinero´¿Saben acaso qué les pasará mañana? Porque su vida es como el humo, que aparece un momento y luego se disipa. Digan más bien: ´Si Dios quiere, viviremos y haremos esto o aquello´.” (Sant 4, 13-16)
Si por algún motivo supiéramos exactamente el momento de nuestra partida a la vida eterna ¿estaríamos tan preocupados por las cosas cotidianas? Si supiéramos que en un rato nos vamos ¿Nos pondríamos a pintar la pieza, cambiar el auto, arreglar inversiones con el campo, buscar otro trabajo?
Se debe vivir, en paz, en el día a día, sin hacer de la previsión o la prudencia un exceso que nos impida darnos cuenta que en el libro de Dios ya está anotada nuestra partida. Por ello debemos estar listos con el único “bolsito” que nos llevaremos: el conocimiento de Dios. ¿Acaso no estudiamos previamente el lugar al que vamos de vacaciones? ¿Por qué para el descanso eterno debería ser distinto? ¿Apurado?

Libre repoducción con mención de la fuente.
JUNIO 2008

Ser Padres en esta época

mundus 16/06/2008 @ 18:59

“Se proponen algunas acciones pastorales:
.... e) Denunciar una mentalidad neoliberal que nos descubre en el padre de familia más que un instrumento de producción y ganancia, relegándole incluso en la familia a un papel de mero proveedor. La creciente práctica de políticas e iniciativas privadas de promover incluso el domingo como día laboral, es una medida profundamente destructiva de la familia y los padres.”
(Documento de Aparecida, V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Parrágrafo 463).

Por Daniel do Campo Spada.

San José En un Congreso de teólogas recientemente realizado en la Compañía de Jesús en la localidad de San Miguel, en la Provincia de Buenos Aires, se trató el tema del género en el estudio teológico. El dominio de los hombres en esa rama académica es notorio e histórico. A la inversa, y haciendo un gran reduccionismo, las mujeres son las que más parecen estar en las Iglesias, respondiendo a las tareas que la comunidad necesita. La estructura de producción capitalista necesitó de hombres proveedores y madres contenedoras en la crianza. Ello respondía a la modalidad de sociedad necesaria para la repoducción de una ganancia concentrada en pocas manos.
En la discursividad, no solo se le dió al hombre el espacio de la lucha sino que los apsectos espirituales se fueron (no inocentemente) revistiendo de una imagen de sensibilidad que el mandato de una sociedad machista no permitía. El hombre no solo no podía llorar, sino que además no podía dedicarse a las cosas de Dios, ya que para el concepto sajón de “tiempo es dinero”, los tiempos de oración son improductivos para los dueños del capital.
Cuando se recuerda el Día del Padre, la figura que se instala es la del consumo. Regalos, regalos y más regalos. En los medios de comunicación hay poca reflexión sobre la figura del Padre, que en José tiene un modelo de Fé suprema. A su fortaleza varonil de carpintero duro y medianamente ilustrado le agregaba la sensibilidad necesaria para creer en el mensaje del Angel que le confirmaba que su mujer (María) estaba concebida sin pecado.
El mundo moderno necesita un hombre activo, que ponga el trabajo por delante, con profesionales orientados al resultado, un “proactivo”. Y aquí se provoca una masacre de esta palabra, ya que trabaja en pos de una acepción solamente inclinada a la productividad laboral. Dentro del papel que el capitalismo le ha dado a la Iglesia en muchos lugares del mundo, donde apenas se convierte (muy lejos del mensaje de Cristo) en garante de un status quo de injusticias y desigualdades.
¿Por qué no acordarnos de José, padre de la familia celestial en su condición humana? No hay que perder la oportunidad de trabajar en el rescate de ese José que trabajaba con sus manos, en definitiva un padre obrero, artesano. Muy lejos quedan las imágenes edulcoradas de grandes padres en obstentosos cuadros colgados de frías paredes de sustuosas casas. Dios nos enseña a través de pequeños juegos de representaciones, historias, parábolas, que está en nosotros verlos. Ese José seguramente está más cerca que ninguna otra figura a la que cada uno de nosotros tenemos de nuestros propios padres. Por lo menos así ha sido el caso de mi Papá Orlando (que ya reposa en la Casa del Padre) y la de la mayoría de los padres que uno recuerda haber visto, o que en el actual presente intentamos repetir lo que también tenemos esa responsabilidad.
¿Se es padre solo desde lo carnal? Otro error explicado también en José, que fue Padre de Jesús sin haberlo concebido carnalmente. Por ello, aquellos que dicen “no tengo hijos”, deberían hacer un discreto paneo a su alrededor, porque a lo mejor, sin sospecharlo, alguien lo ha visto “como a un Padre”.

TECUM – NOVO MundusNET
Permitida su repoducción con mención de la fuente.

Los pobres y los ricos.

mundus 08/06/2008 @ 23:59

Por Daniel do Campo Spada.

pobreza_04.jpg“Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico... El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado.” (San Lucas 16, 19-22)

La que acabamos de transcribir es apenas una de las citas en las que Jesús hace una marcada referencia a su opción por los pobres, los desposeídos, los solos. Ello está en la esencia del cristianismo, donde el propio Mesías nació, se crió y caminó en hogares pobres, lejos de los palacios y los poderosos. Comió en las casas marginales y anduvo en medio del pueblo. Como enseñanza queda de lo más clara.
A cotidiano vemos que los medios de comunicación poderosos hacen una construcción cultural en la que los valores pasan por el esnobismo y la figuración. Vedettes o futbolistas que adquieren la máxima notoriedad son apenas el emergente de una sociedad que ubica mejor en sus preferencias a los que pueden mostrar poderío económico contra los que pueden estar orgullosos de ser personas enteras y nobles, más allá de si son creyentes o no.
Un funcionario de banco me dijo en una oportunidad que la pobreza es un gran negocio, ya que lo poco que ganan lo gastan y porque es mucho el dinero que se usa en diagnósticos y planes o programas que diseñan los mismos que en otra oportunidad movieron las fichas para generar precisamente eso: pobreza.
La Constitución Dogmática “Lumen Gentium”, integrante de los documentos del Vaticano II, dice en su parágrafo 8 “...mas como Cristo efectuó la redención en la pobreza y en la persecusión, así la Iglesia está destinada a seguir ese mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación”. En algunas Iglesias de nuestro continente lamentablemente la historia parece hablar de otra orientación. Claro que como un cuerpo, la Iglesia tiene muchas partes y no necesariamente todas están enfermas, pero sin duda alguna nuestro espíritu colectivo se debe someter a una terapia. La oración y el pedido firme de que Dios Todopoderoso se haga presente en los corazones de los hermanos que tienen la responsabilidad de conducir es el camino inicial, que debe, por supuesto, estar acompañado por la valentía de los cristianos. No debemos olvidar nuestros orígenes ligados a la pobreza, a la persecusión, a la incomprensión y nuestro destino peregrino en este mundo.

Daniel do Campo Spada. Junio 2008.

La utilidad de los Monasterios.

mundus 02/06/2008 @ 16:41

Por Daniel do Campo Spada

Quien me diera alas de paloma para volar y descansar!
Entonces huiría muy lejos, habitaría en el desierto.
Me apuraría a encontrar un refugio contra el viento arrasador y la borrasca.
(Salmo 54)
Monasterio

En otra nota hablábamos de la importancia de la oración y los espacios para lograrlo. La primera reflexión que a cualquier individuo contemporáneo nos viene a la mente es sobre lo difícil que ello parece en una vida saturada de medios de comunicación que hacen imposible que el humano esté solo. Si consideramos que en algún momento la propia India era la nación más poblada ¡con apenas cinco millones de personas!, lo que hoy es la población de Uruguay, vemos que el mundo está aparentemente lleno.
Seis mil millones de personas dan la sensación de que no hay espacio. Esto es a todas luces falso, porque al mismo tiempo durante el 2007 fue la primera vez que existe más gente viviendo gente en las ciudades que en el campo, los espacios cubiertos en superficie (tomados en km2) no crecen en forma paralela. Sin embargo, un mundo desigual en el acceso, que ha llegado a la locura que en lo que es la casa de todos (el planeta) algunos se tengan que sentir excluídos por el único pecado de no tener dinero, nos ha llevado a que ocupar un espacio es un esfuerzo que a veces nos lleva toda la vida. En otras ocasiones no alcanza ni para pagar donde depositar los últimos restos mortales.
Las viviendas de la mayoría de la población de sociedades desiguales (en Brasil, el 75 % de la renta es propiedad del 10 % de los habitantes) presentan cada vez más hacinamiento. Los humanos no disponemos en la mayoría de los casos del mínimo espacio vital para estar “solos”. Muchos estudios psicológicos son testigos de que ello es uno de los componentes de una psiquis humana que se enferma en un hábitat también enfermo. La sensación de agobio que la supuesta superpoblación de un mundo hostil sufre en nuestros días debe ser sorteada de alguna forma.
La necesidad de aislamiento, sin embargo, tiene tantos años como la humanidad civilizada. Los primeros cristianos se salían de las ciudades y allí quedaban en estado contemplativo. Hoy, eso es más difícil porque cualquiera espacio tiene un “dueño”. De todas formas, desde San Antonio (251-356), comenzó un movimiento de hombres que querían vivir esa experiencia. Luego San Benito (480-547) impuso las reglas necesarias (conocidas como las Reglas de San Benito) para que esa vida pueda ser organizada y logre sobrevivir como entidad y como experiencia espiritual. Aunque atraviezan serias dificultades de sostenimiento (al igual que el resto de las instituciones de la Iglesia Católica), los monjes sostienen en todo el mundo los monasterios, un espacio ideal para permanecer al menos algunos días en oración. Para los laicos no dejan estar más de una semana (en algunos casos son hasta cinco días), pero es una vivencia que merece vivirse. Un rato al costado de un mundo que corre desenfrenadamente a ningún lado, no solo es una oportunidad de encontrarnos con nosotros, sino una magnífica ocasión de escuchar a Dios.

18 de Mayo, 2008.

¿En qué mundo vivimos?

mundus 27/05/2008 @ 18:15

Por Daniel do Campo Spada.En que mundo vivimos

En una de sus misas al frente de la parroquia San José de los Obreros de la localidad bonaerense de Gerli, el Padre Jorge (aunque él no lo sepa el responsable de mi regreso a la Iglesia) dijo: “Si les pregunto quién cree que en el cielo vamos a tener una vida mejor, todos levantan la mano. Pero si yo les pregunto quién se quiere ir primero, nadie levanta la mano ¿no?”. Ese interrogante quedó rebotando en mis pensamientos muchísimo tiempo. ¿Realmente no me iría? El transcurrir de los años despiertan en muchos (entre los que estoy incluído) el sentimiento propio de la condición de peregrinos.
Peregrino es aquel que camina, que anda, hacia algún lugar. En nuestro caso ello es la Casa del Padre, donde Dios nos prepara una alborada para cada uno. De esto toman consciencia quienes saben disfrutar de su vejez, viviéndola como el que ya ha hecho la tarea. Una alumna, en una oportunidad me dijo que ella no quería saber nada con morirse. Como ejemplo de emergencia se me ocurrió una extrapolación. “¿Cuándo estás más contenta? ¿Cuando empezás una tarea difícil o cuando la terminás?”, le dije. La respuesta fué obvia. “Cuando termino soy más feliz”. Eso es la vida, en definitiva. Una tarea difícil.
Aferrarse a esta vida en exceso es apostar a un activo inestable e imprevisible. “Vivimos así, tiroreados entre el proyecto de Jesús, de entrega y servicio, y el proyecto del mundo, de sometimiento y dominación.” (La liturgia cotidiana. Buenos Aires. Ediciones San Pablo. Mayo 2008, Ciclo A, N° 105. Pág 69).
Muertes, injusticias, malestares varios, enfermedades, traiciones... ¿Qué nos hace adorar a un espacio en el que el Príncipe es el mismísimo Diablo? Repasemos un poco el lugar en el que estamos. La humanidad se debate ante una crisis alimentaria perversa. A pesar de que somos 6 mil millones de habitantes, mal distribuidos y hacinados, hay capacidad técnica de producir alimentos para el doble de personas. Entonces ¿cómo justificamos que la tercera parte de la humanidad se muera de hambre? ¿Puedo, no ya desde la fé sino de la más mínima ética anteponer problemas comerciales al derecho a comer? Argentina produce y exporta alimentos como nunca en su vida, aunque está al borde dejar a su población desbastecida. El lucro por el lucro mismo, ha hecho que fabriquemos alimentos de forraje para los animales del primer mundo. Dicho de otra forma. La producción de países pobres está destinada no a su gente sino a engordar los animales de los países ricos. Para peor, lo que quedaría, está destinado a los agrocombustibles de los coches de las sociedades ricas. Millones de personas se morirán de hambre en los próximos años para que unos pocos en la otra punta del mundo coman abundantemente y disfruten de niveles de confort obstentosos.
Seguimos con otra imagen tristemente cotidiana en nuestra América Latina. Familias completas son desplazadas por policías armados y encapuchados porque algo tan artificial como el poseer dinero (auténtico dios pagano) determina un derecho humano básico. En Europa, donde reina la xenofobia Italia expulsa a los inmigrantes con un trato peor que el que se le da a un animal, por el solo hecho de “ser inmigrantes ilegales”. Incluso, desde la llegada del magnate Silvio Berlusconi se ha legislado para dejar en prisión desde seis meses a seis años a los que sean sorprendidos en flagrante infracción de “extranjeridad”. El inmigrante es alguien que huye de la pobreza. ¿Puede ser culpable de ser pobre alguien? ¿Si no tenemos dinero podemos ser considerados una escoria? ¿Podemos los cristianos aceptar pasivamente esto sabiendo que está fuera de toda lógica humana?
Nuestra condición de seres históricos que el Padre ha dispuesto nos obliga a tomar partido. Claro, mientras estemos aquí.

Mayo 2008

Los espacios para la oración

mundus 05/05/2008 @ 23:29

Reflexión sobre la oración.

Por Daniel do Campo Spada.

La javascript:void()oración es una herramienta poderosísima que Jesús nos ha dejado. Aunque proviene de tiempos inmemoriales, algo tan extendido incluso a todas las religiones solo puede provenir de Dios. Sin embargo, el hijo del Hombre nos ha dejado sutiles enseñanzas que se hacen dificiles de cumplir en la actual vida moderna. La aceleración y el “lleno” de todos los espacios físicos nos complica encontrar ese monte en el cual podamos recluirnos.
La vida cotidiana y los denominados valores modernos no permiten que el cristiano “se aparte” para entrar en contacto íntimo con el Padre. Casi no quedan espacios públicos en las grandes ciudades que se puedan usar con recato. En las casas, invadidas por los medios audioviduales o de reproducción electrónica se han encargado de llenar los espacios.
¿Cómo orar?
El silencio es un bien tan preciado como escaso, pero bien puede ser el lugar en el cual nos refugiemos aunque en el exterior de nuestro cuerpo estén los ruidos de la calle, de los otros hermanos o de los elementos que dicen hacer mejor nuestra vida.
Cuando no era mala palabra ser creyente y practicante, los hogares tenían un pequeño “altarcito”, que desde la pequeñez que ello implica permitía el espacio para orar. Otro de los problemas cotidianos es el tiempo. Tiempo y espacio. Preciados tesoros.
Adherimos a la frase publicada en el Rosario de la Sanación de Gustavo Jamut (Buenos Aires, Ediciones San Pablo, 2005, Pág 12) que en el comentario al cuarto misterio luminoso agrega:
“...Te pedimos Señor, que así como llamabas con frecuencia a tus discípulos, a ir a un lugar apartado para orar al Padre, también suscites en cada uno de nosotros el anhelo de crear cada día momentos de desierto para contemplar tu rostro”.
Aún en una gran urbe como Buenos Aires siempre hay un espacio donde esconderse. En la Capital argentina recomiendo la Autopista Richieri, rumbo al Aeropuerto de Ezeiza, se puede llegar también en colectivo. Un árbol y unos metros a la redonda con tranquilidad pueden ser suficientes. Y si no es posible, por lo menos con silencio, llegar a Jesús. Recordemos que Él nos dijo que estará con nosotros hasta el fin de los días. (Mateo 18, 16-20).

Mayo 2008-05-06
TECUM – NOVO MundusNET
Libre repoducción con mención de la fuente.