Ansel Grun y la edad intermedia.
Por Daniel do Campo Spada.
Ya hemos hecho referencia a ese inesperado guía espiritual que Dios nos regala. No siempre es alguien que podamos ver en forma personal, sino que por el contrario la intermediación bien puede ser un libro, el programa de radio o un sitio de internet. En lo personal, vía sus publicaciones, Grun llega a nuestro corazón trayéndonos la sabiduría con la que el Creador lo ha bendecido.
En esta ocasión, haremos referencia a un libro1 en el que reflexiona sobre una de las etapas mas debatidas en la vida contemporánea: la edad intermedia y su final. Ese momento de nuestra existencia terrena, junto a la de la niñez, la juventud y la de la ancianidad, tiene sus particularidades y sus enseñanzas, porque de eso se trata. De vivir cada dificultad como un puente hacia un crecimiento espiritual que nos lleve a Él.
Toma como referencia a Johannes Tauler, un monje dominicano del siglo XIV, que como bien explica Grun en su prólogo, fue conservado y estudiado por los protestantes, que en Alemania tienen una presencia muy considerable. Nuestro monje benedictino lo rescata con la visión católica precisa, pero con el ecumenismo que lo caracteriza.
Siempre referenciando a Tauler desarrolla algunas prácticas que fundamentalmente los creyentes practicantes solemos hacer en forma errónea. En distintas páginas, por ejemplo, relata que en la edad intermedia se suele alcanzar (al igual que en otras cosas de la vida) una cierta insatisfacción religiosa. Ello puede provocar la ruptura con la religión o bien un empecinamiento (de mal final) en lo ritual.
Entre los 40 y 50, se producen cambios laborales, separaciones, pérdidas, cambios importantes, etc. Es sin duda alguna una etapa de giro, de “pivote”. El capitalismo lo resignificó con “la vida empieza a los 40”, apelando a que el consumo que hasta allí se hizo con los hijos a los que que había que crear, se puede gastar en uno mismo. La finalidad vuelve a ser la de consumir por el afán de lucro aunque se disfraza detrás de la satisfacción personal o la realización “de aquellos sueños que no has podido concretar”. El “sistema” nos quiere gastando.
Desde lo físico, quien duda que empieza otra etapa, marcada desde los límites en lo orgánico. Pero al mismo tiempo es el comienzo de la cumbre mental, aunque lo externo termina volcando la batalla hacia “lo que se ve”. No es casual que los gimnasios y locales de estética estén llenos de “cuarentones” que no se resignan a que una etapa se va. Ser maduros es prepararse para la que viene, que siempre debe ser mejor que la anterior.
Grun advierte sin embargo, que desde lo espiritual hay una “apretura” (sic) en la que debemos ceder el control al Espíritu Santo. Usando palabras nuestras, esa angustia que indefectiblemente se pasa en esos años, debe ser soportada para poder recibir la “última horneada”, que nos prepare para la tercera edad, en la cual la plenitud debe ir de la mano de la aceptación de las limitaciones que se pueden convertir en una oportunidad de mayor crecimiento.
Con respecto a un tema recurrente como es el de la oración, invita Tauler a orar mas en silencio que pidiendo, dejando obrar a Dios. Sobre este tema vamos a volver en otras líneas, ya que la oración es la gran herramienta del cristiano.
Octubre 2009-10-11
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Y entonces la pregunta es ¿hasta donde desear tener? Jesús no nos dice tampoco que debamos negar objetivos, aunque sean en algunos casos materiales, aunque sí advierte que “pasará antes un camello por el agujero de una aguja, que un rico al Reino de los Cielos”1. Si la riqueza se convierte en fruto de la explotación de otro hermano, o es una herramienta propicia para el pecado, ya estamos en problema. Cuando supera la segunda capa disponible estamos superando lo que el relato bíblico sugiere como lo necesario.
La vida agitada y el trajín que a cotidiano tenemos nos lleva en algunos momentos a la tentación de bajar los brazos. El agobio, la apatía y la tristeza se hacen presentes y podemos derivar en depresiones de difícil solución. Lo mas probable es que busquemos la tranquilidad alimentándonos de fármacos y elementos tecnológicos más sofisticados que nos permitan seguir a la velocidad que la modernidad nos impone. Sin embargo, al poco tiempo estaremos nuevamente con la sensación de no llegar a “esas metas” que imaginamos auto impuestas, aunque en la mayoría de las veces han sido diseñadas desde afuera para aumentar nuestra dependencia.
En un libro de la Editorial Claretiana1 que incluye la colección “Clásicos de Espiritualidad” nos encontramos con una auténtico guía espiritual que en lo que es una obra literaria nos lleva hacia pensamientos interiores propios de alguien que fervorosamente busca a Dios.
Con respecto al amor, podemos enredarnos en confusiones propias del lenguaje. Más de un estudioso ha coincidido con la idea que el lenguaje es un gran estafador de la realidad. Muchas veces una palabra nos remite a otra. Por ejemplo en el castellano moderno llamamos “hacer el amor” a mantener relaciones carnales. ¿Esto solo es el amor?
Un día decidí crear un blog cristiano impulsado por algo que parecía no provenir de mí. Como si fuera un mandato superior. ¿Se entiende a qué me refiero? Desconozco a cuantos les sirven estas palabras, pero la pregunta era: ¿Todo lo que estudio, que afortunadamente puedo adquirir en libros, DVD o viajes es solo para mi onsumo personal? Nunca supe si era lo necesario, pero empecé a sacar hacia afuera vivencias que me quemaban por dentro. El amor a Dios no permite quedar indiferente, aunque seamos seres llenos de defectos y mucho menos seamos ejemplos. Pero una habitual canción de misa nos repite que “no has buscado ni a sabios ni a ricos”. ¿Por qué tantas explicaciones? Porque voy a contar algunos hechos (que no creo casuales sino inspirados por el Creador) que me ayudaron a vivir momentos de amor al prójimo realmente intensos, que lamento que no sean permanentes o por lo menos más extensos. Supongo que los Santos pudieron experimentar esto en forma permanente y por ello son nuestros Hermanos Mayores.
Debo reconocer que en este texto me voy a guiar solamente por algunos ejercicios que sguramente Dios me ha puesto enfrente, aunque esta vez no apele a la Palabra como es habitual. Y el tema es tan básico como profundo. Jesús nos enseñó que debemos amar a Dios por sobre todas las cosas y ello nos parece accesible. Cuando en cambio nos reprime al decir que quien no ame a su hermano no quiere al Padre, la cosa se complica. ¿Se puede aprender a querer?
La lectura cotidiana ayuda a “escuchar” a Dios todos los días. Es el perfecto refugio para descansar de este mundo agobiante. Un descanso entendido no desde lo muscular, sino desde lo espiritual. En estas líneas que compartimos hablamos permanentemente del “retiro” en el cual podamos alcanzar otra velocidad en medio del vértigo. Esa pequeña banquina en la que todos corren sin saber hacia donde van.
El celibato, entendido como “el estado de vida que elige el religioso (o sacerdote) por el cual él/ella promete no contraer matrimonio o tener relaciones sexuales”1 es una condición necesaria para poder entregarse al servicio de la Iglesia y sus fieles. Quienes somos casados, sabemos muy bien que las demandas conyugales nos impedirían tener una situación de entrega total.
