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Categoría: Espiritualidad

Ansel Grun y la edad intermedia.

mundus 26/10/2009 @ 05:36

Por Daniel do Campo Spada.

ANSEL GRUN Ya hemos hecho referencia a ese inesperado guía espiritual que Dios nos regala. No siempre es alguien que podamos ver en forma personal, sino que por el contrario la intermediación bien puede ser un libro, el programa de radio o un sitio de internet. En lo personal, vía sus publicaciones, Grun llega a nuestro corazón trayéndonos la sabiduría con la que el Creador lo ha bendecido.
En esta ocasión, haremos referencia a un libro1 en el que reflexiona sobre una de las etapas mas debatidas en la vida contemporánea: la edad intermedia y su final. Ese momento de nuestra existencia terrena, junto a la de la niñez, la juventud y la de la ancianidad, tiene sus particularidades y sus enseñanzas, porque de eso se trata. De vivir cada dificultad como un puente hacia un crecimiento espiritual que nos lleve a Él.
Toma como referencia a Johannes Tauler, un monje dominicano del siglo XIV, que como bien explica Grun en su prólogo, fue conservado y estudiado por los protestantes, que en Alemania tienen una presencia muy considerable. Nuestro monje benedictino lo rescata con la visión católica precisa, pero con el ecumenismo que lo caracteriza.
Siempre referenciando a Tauler desarrolla algunas prácticas que fundamentalmente los creyentes practicantes solemos hacer en forma errónea. En distintas páginas, por ejemplo, relata que en la edad intermedia se suele alcanzar (al igual que en otras cosas de la vida) una cierta insatisfacción religiosa. Ello puede provocar la ruptura con la religión o bien un empecinamiento (de mal final) en lo ritual.
Entre los 40 y 50, se producen cambios laborales, separaciones, pérdidas, cambios importantes, etc. Es sin duda alguna una etapa de giro, de “pivote”. El capitalismo lo resignificó con “la vida empieza a los 40”, apelando a que el consumo que hasta allí se hizo con los hijos a los que que había que crear, se puede gastar en uno mismo. La finalidad vuelve a ser la de consumir por el afán de lucro aunque se disfraza detrás de la satisfacción personal o la realización “de aquellos sueños que no has podido concretar”. El “sistema” nos quiere gastando.
Desde lo físico, quien duda que empieza otra etapa, marcada desde los límites en lo orgánico. Pero al mismo tiempo es el comienzo de la cumbre mental, aunque lo externo termina volcando la batalla hacia “lo que se ve”. No es casual que los gimnasios y locales de estética estén llenos de “cuarentones” que no se resignan a que una etapa se va. Ser maduros es prepararse para la que viene, que siempre debe ser mejor que la anterior.
Grun advierte sin embargo, que desde lo espiritual hay una “apretura” (sic) en la que debemos ceder el control al Espíritu Santo. Usando palabras nuestras, esa angustia que indefectiblemente se pasa en esos años, debe ser soportada para poder recibir la “última horneada”, que nos prepare para la tercera edad, en la cual la plenitud debe ir de la mano de la aceptación de las limitaciones que se pueden convertir en una oportunidad de mayor crecimiento.
Con respecto a un tema recurrente como es el de la oración, invita Tauler a orar mas en silencio que pidiendo, dejando obrar a Dios. Sobre este tema vamos a volver en otras líneas, ya que la oración es la gran herramienta del cristiano.

Octubre 2009-10-11
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El cansancio y Lo que se debe tener.

mundus 19/10/2009 @ 03:34

“Oré, y me fue dada la prudencia. Supliqué y descendió sobre mí el espíritu de la Sabiduría. La preferí a los cetros y los tronos, y tuve por nada las riquezas en comparación con ella. No la igualé a la piedra más preciosa, porque todo el oro, comparado con ella, es un poco de arena. Y la plata, a su lado, será considerada barro”. (Sabiduría 7, 7-8).

Por Daniel do Campo Spada.

peregrino1.jpeg Y entonces la pregunta es ¿hasta donde desear tener? Jesús no nos dice tampoco que debamos negar objetivos, aunque sean en algunos casos materiales, aunque sí advierte que “pasará antes un camello por el agujero de una aguja, que un rico al Reino de los Cielos”1. Si la riqueza se convierte en fruto de la explotación de otro hermano, o es una herramienta propicia para el pecado, ya estamos en problema. Cuando supera la segunda capa disponible estamos superando lo que el relato bíblico sugiere como lo necesario.
Muchos filósofos y sociólogos hablan del valor “funcional” y del valor “simbólico”. Una casa tiene el valor funcional de permitirnos tener un refugio, necesario para la vida civilizada, cuidar a los hijos y a los ancianos, poder descansar, etc. En tanto que valor simbólico es cuando en lugar de buscar una vivienda por su utilidad nos vamos hacia el campo de ostentación, “para mostrar” mas que para usar. En la moda o en los vehículos es un eje permanente. La posesión de algo funcional no es condenada por Dios, aunque el hecho de utilizarla para sobresalir por sobre la capacidad económica de un hermano nos convertirá en polilla.
En una economía de tipo capitalista, donde mas que personas somos consumidores, ello se hace difícil, porque se instala en el “imago”2 social y abstraerse es “sacarse la correa de esclavo moderno”. Por ello podemos decir que no es casual que dentro de los discursos sociales no esté incluido el acercamiento religioso. Si realmente meditáramos la palabra del Creador, muchos de los consumos (de carácter simbólico o impulsivos) no tendrían lugar.
Alimentarnos, vestirnos, instruirnos y hasta curarnos, están dentro de las prácticas funcionales. La valoraciones simbólicas que sobre ello se hacen terminan generalmente en desvíos que provocan ese lamentable cansancio del que no tiene rumbo. Porque si hay un objetivo, el cansancio es funcional al logro y a alegría de obtenerlo con el esfuerzo.
Muy por el contrario, como corremos y no tenemos tiempo de orar (pensar), solo tenemos cansancio, que en este caso es dis-funcional.

“Los ricos padecieron necesidad y hambre, pero a los que buscan al Señor no les faltará bien ninguno”. (Salmo 33, 11)

El cansancio y las cargas innecesarias.

mundus 12/10/2009 @ 19:29

“Veníd a mí todos los que andais agobiados con trabajos, y cargas, que yo os los aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso, y humilde de corazón y hallaréis el reposo para vuestras almas. Porque suave es mi yugo y ligero el peso mío.”
(Mateo XI, 28-30)

Por Daniel do Campo Spada.

limousina.jpeg La vida agitada y el trajín que a cotidiano tenemos nos lleva en algunos momentos a la tentación de bajar los brazos. El agobio, la apatía y la tristeza se hacen presentes y podemos derivar en depresiones de difícil solución. Lo mas probable es que busquemos la tranquilidad alimentándonos de fármacos y elementos tecnológicos más sofisticados que nos permitan seguir a la velocidad que la modernidad nos impone. Sin embargo, al poco tiempo estaremos nuevamente con la sensación de no llegar a “esas metas” que imaginamos auto impuestas, aunque en la mayoría de las veces han sido diseñadas desde afuera para aumentar nuestra dependencia.
La esclavitud, se presenta hoy con otras caras. Hija directa del diablo, se muestra seductora, moderna, eficiente. En esa patina deseamos tener los mejores celulares, los mas modernos autos y las mas sofisticadas computadoras. En ello se invierte la vida, que termina con un adulto insatisfecho, cansado y... totalmente ajeno a Dios.
A pesar del rol de periodista, hace unos años decidí no tener celular y eso generó una auténtica revolución en mí entorno. “¿Cómo vamos a contactarte si te necesitamos? ¿Y si te pasa algo? ¿Y si te necesito urgente?”, eran los permanentes comentarios que escondían un poco (y mucho) de enojo. ¿Cómo alguien se atreve a sacarse esa cadena invisible gracias a la cual debemos estar siempre disponibles? ¿Cómo alguien se atreve a dejar de ser esclavo? Mas allá del pánico inicial, al poco tiempo comprendí que ese elemento tan útil en algunas contadas ocasiones, también era algo que provocaba cansancio. No solo nos esclavizaba sino que encima había que mantenerlo (abonos, cambios de equipos, etc.).
Un par de años después, tuve un incidente grotesco con el Banco Galicia de Buenos Aires, que por una extracción de cajero automático que origina un gasto de u$s 1, me terminó cobrando u$s 450 (esto ocurrió en pesos argentinos, pero lo dolarizamos para que nuestros lectores extranjeros entiendan la magnitud del incidente) por un engaño simple: el gasto, del cual me dí cuenta tres años después, fue a una cuenta nunca usada. Aproveché la oportunidad y el enojo y cerré todas mis tarjetas de crédito. Resultado: Ya no estoy pendiente de ningún “gastito” sorpresivo de una entidad bancaria. ¿Algo cercano a la libertad?
Las escrituras nos dice que cuando los Apóstoles comenzaron su camino, Jesús les aconsejó que anduvieran ligeros de ropas y que no llevaran dos capas. Eso les permitiría mantenerse livianos, sin cargas, sin cansancios innecesarios. Cuando nuestro Hermano Mayor nos dice “vengan a mí”, en su ejemplo está la ayuda. Su palabra es un claro ejemplo de desprendimiento, porque en el acaparar vamos rumbo al cansancio. ¿Es feliz el que mucho tiene o es feliz el que no le falta?

Octubre 2009-10-11
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Guías espirituales. Relatos de un peregrino ruso.

mundus 27/04/2009 @ 17:26

Por Daniel do Campo Spada.

peregrino.jpeg En un libro de la Editorial Claretiana1 que incluye la colección “Clásicos de Espiritualidad” nos encontramos con una auténtico guía espiritual que en lo que es una obra literaria nos lleva hacia pensamientos interiores propios de alguien que fervorosamente busca a Dios.
La historia que bien puede leerse como una novela escrita en primera persona (de autor anónimo) en la que nunca nos enteramos del nombre del personaje principal nos muestra el devenir de un peregrino que tras haberlo perdido todo por la envidia que un hermano le tenía en función de que un tío le había dejado dinero y un comercio y que en un arrebato le incendia todo. Nuestro “personaje guía” se ve impulsado a la pobreza más cruda en una Rusia de finales del siglo XIX, con una monarquía decadente y una militarización presente en todos los espacios de la vasta geografía de las estepas.
Con solo dos libros (la Biblia y la Filocalia de la Oración de Jesús2), el peregrino, recorre las rutas dependiendo de trabajos ocasionales o de la buenaventura, pero sin preocuparse de otra cosa que del alimento espiritual para el que va aprovechando los espacios de silencio y tranquilidad que le brindan los caminos.
Aunque no tiene autor, en el prólogo (también anónimo) se advierte que es muy probable que los haya escrito un monje del siglo XIX con la intención de impulsar el interés en los los mencionados libros que el peregrino lleva en su mochila y sobre la que da consejos de lectura a los lectores de su libro. Como si se tratara de un metalibro, la lectura de la mencionada obra impulsa a la lectura por ejemplo de la Filocalia, que a pesar de ser un clásico canónico se halla cada vez más abandonado por los cristianos ajetreados por las obligaciones cotidianas.
Cuando se habla de lectura en momentos de distracción, veraneo o fines de semana largos, en los anaqueles aparecen libros “fáciles” como si esta división entre libros fuera válida. Esta es una opción inteligente y fundamentalmente atrapante.
El recorrido del peregrino y los personajes que van apareciendo abren nuevos intereses en la búsqueda espiritual en la cual el “personaje” nos va guiando en la búsqueda de la oración interior que es lo que tanto lo desvela.

MARZO 2009-03-09
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Guías espirituales. El Padre Jamut contra el mal.

mundus 19/04/2009 @ 03:21

Por Daniel do Campo Spada.

En estas líneas habitualmente nos detenemos a mencionar a aquellos guías espirituales que Dios pone al alcance de nosotros para poder avanzar en este destierro de la vida perecedera. Uno de ellos, que gracias a sus publicaciones surge con toda claridad es el Padre Gustavo E. Jamut, quien en distintas obras nos lleva en una lucha contra las acechanzas del mal.
Los miedos, los “frenos”, o cualquiera de las trampas que el maligno pone en nuestro camino deben ser sorteadas con plena Fé y perseverancia. Para esos momentos en los que hay que atravesar nuestro desierto espiritual, un mapa o una guía se comportan como una gran prótesis. En el libro “Lo que nos roba la paz”1 (Buenos Aires, San Pablo, 2007), el Padre Jamut manifiesta que contrariamente a lo esperado, la primer petición que las personas hacen a Dios es la de tener Paz en sus almas, superando a los ruegos por salud física y trabajo. Eso demuestra que el humano necesariamente quiere volver al Padre, y es en esa búsqueda que se da el desasosiego propio de la desorientación. De la misma forma que muchas personas “no creyentes” pueden comportarse según la voluntad de Dios, frecuentemente buscamos “algo” que muchos no sabemos que es. Cuando nos damos cuenta que es la necesidad del Creador, empezamos a saber hacia donde debemos ir. El problema es como. Porque como dice Jamut, la única Paz que no es efímera es la de el Padre.
En ese trabajo se da un perfil de lo que es su acción espiritual al recomendar oraciones que nos liberen de pensamientos negativos que nos generan incertidumbres y zonas grises en nuestra alma.
Otra de sus obras con más fuerza es el compendio de “50 oraciones y salmos de protección y liberación” (Buenos Aires, San Pablo, 2008) en la que es imperdible su introducción sobre “¿Qué es la oración?”. En ella reflexiona sobre la importancia de una oración “vocalizada” y otra “interior”, que sobre todo en este último caso debe ser sincera. Allí deja en claro nuestra posición de acudir a los guías, ya que escribe “... es necesario acercarse al sacramento de la Reconciliación a fin de pedir perdón a Dios y así ser liberados. Dejándose también ayudar, en caso de ser necesario, por quienes están capacitados para hacerlo, sea tanto en el plano espiritual como psicológico y clínico”2. Allí se reúnen oraciones y salmos de liberación que permiten dirigir nuestros rezos con gran fuerza para que si algo maligno circula por allí, es propio protegernos para que nada nos separe de este camino de peregrinaje espiritual hacia la vida verdadera.
Y la tercera obra a la que vamos a hacer referencia es un “Rosario para ser libre de los temores y de los miedos”3 (Buenos Aires, San Pablo, 2008) que se puede rezar cualquier día de la semana, y en la que hace un recorrido por nuestros momentos negativos que seguramente han marcado nuestro presente. Por ello, en cada Misterio, Padre Nuestro, Ave María, Gloria y Salve de un Rosario común, le agrega pedidos puntuales que nos llevan desde los temores que podemos haber acumulado desde nuestra niñez más temprana hasta nuestra ancianidad. Es un auténtico recorrido de vida y una experiencia de gran conmoción emocional ya que nuestro espíritu lleva las marcas de las dificultades que nuestra vida cotidiana nos pone enfrente.
Para comunicarse con el Padre Jamut, quien da retiros en varios lugares de Argentina, se puede escribir al e-mail secretaria@sanroquercc.com o bien visualizar su sitios web www.sanroquercc.com .

MARZO 2009-03-08
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Amor y deseo.

mundus 14/04/2009 @ 00:11

“Amó tanto Dios al mundo, que no paró hasta dar a su Hijo unigénito a fin de que todos los que crean en él no perezcan sino que vivan la vida eterna”.
“Lo que ha nacido de la carne, carne es, más que lo ha nacido del espíritu es espíritu o espiritual”.
(San Juan 3, 16 y 6)

Por Daniel do Campo Spada

jamut.jpeg Con respecto al amor, podemos enredarnos en confusiones propias del lenguaje. Más de un estudioso ha coincidido con la idea que el lenguaje es un gran estafador de la realidad. Muchas veces una palabra nos remite a otra. Por ejemplo en el castellano moderno llamamos “hacer el amor” a mantener relaciones carnales. ¿Esto solo es el amor?
La literatura nos ha llevado a parcializar la concepción de amor al que se siente en situación de pareja, hacia el otro en función de una unión amorosa. Cuando llegan las fechas alegóricas de los días de los progenitores las publicidades nos inundan con frases ingeniosas que incluyen “el amor de una madre” o “no hay como el amor de un padre”. Fuera de allí parece que no hubiera más aplicaciones posibles. Pocas veces ocupa el primer lugar el amor a los otros.
Los que somos padres, ¿somos capaces de entregar a nuestros hijos por amor a alguien más? No hace falta que me escriba con su respuesta porque la imagino. Incluso, la “propiedad de los hijos” es un tema que requiere párrafos propios. Bueno, aunque nos parezca imposible ello hizo Dios por nosotros. ¿Con qué necesidad?
Se me ocurre una explicación concentrada en la línea del Evangelio de Juan con el que abrimos. “Por amor a nosotros”, sería la respuesta más adecuada. Jesús vino y se entregó a una vida terrena, con todo lo que ella tiene de miserable, para dejarnos sus enseñanzas, que aún veinte siglos después seguimos aprendiendo. Analizando los hechos, a la palabra amor podríamos agregarle un significado: entrega. Inmediatamente debemos remitirnos a los miles de hermanos y hermanas que sacrifican su vida, que podría ser distinta, al cuidado de enfermos olvidados, de ancianos sin protección, de la alfabetización y otro innumerable rosario de acciones que trasuntan ello: amor.
¿Qué pasa con el deseo sexual? ¿Es amor? La cultura audiovisual en la que vivimos ha incrementado el deseo por una de las necesidades fisiológicas de los humanos que es el impulso reproductivo. No es un espacio para explayarnos en esta temática, pero sí es cierto que el gran desarrollo del deseo carnal se da en la mente, a punto tal que cuando muchas relaciones sexuales son reales en los cuerpos, pero distintas en las mentes de sus amantes. El placer dura un rato, pero lejos está de la felicidad cuando estas prácticas requieren cada vez una vuelta más de tuerca en la psiquis. Relaciones admitidas por nuestros mandatos culturales parecen no alcanzar en una mente que cada vez pide más y no es extraño que esa espiral termine por crear patologías cada vez más extremas, a punto tal que han comenzado a crearse clínicas de recuperación por la adicción al sexo.
La Palabra y entregarse a la protección de Dios es un camino de recuperación, incluso para un beneficioso uso de la actividad sexual.

Febrero 2009-02-05
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¿Se puede aprender a amar?

mundus 04/04/2009 @ 23:42

Por Daniel do Campo Spada

cielo_01.jpeg Un día decidí crear un blog cristiano impulsado por algo que parecía no provenir de mí. Como si fuera un mandato superior. ¿Se entiende a qué me refiero? Desconozco a cuantos les sirven estas palabras, pero la pregunta era: ¿Todo lo que estudio, que afortunadamente puedo adquirir en libros, DVD o viajes es solo para mi onsumo personal? Nunca supe si era lo necesario, pero empecé a sacar hacia afuera vivencias que me quemaban por dentro. El amor a Dios no permite quedar indiferente, aunque seamos seres llenos de defectos y mucho menos seamos ejemplos. Pero una habitual canción de misa nos repite que “no has buscado ni a sabios ni a ricos”. ¿Por qué tantas explicaciones? Porque voy a contar algunos hechos (que no creo casuales sino inspirados por el Creador) que me ayudaron a vivir momentos de amor al prójimo realmente intensos, que lamento que no sean permanentes o por lo menos más extensos. Supongo que los Santos pudieron experimentar esto en forma permanente y por ello son nuestros Hermanos Mayores.
Cuando pasados los 35, volví a la religión en un sentido mucho más maduro que lo que había estado hasta los 23 o 24 años, empecé a vivir momentos en los que ver una puesta de sol, una nube recortada en un cielo celeste, una planta al costado de una ruta o cualquier manifestación de la naturaleza me parece maravilloso. En el medio, ya imaginan cuál fué el derrotero: magias, quiromancias, y todas las equivocaciones que se puedan enumerar.
Ese estadio de querer todo lo que uno ve, coincide con nuestra paz interior. Si estamos en un momento de ira, por el contrario, podemos mandar al infierno al auto que falla, a la ropa que queda chica o a la computadora que no responde. Si estamos en sintonía con el Creador, todo parece bello.
Sin ser experto, trataré de poner en palabras unos ejercicios que por momentos me permiten amar a todos, y no solo a los nuestros.
El primer paso es tratar de estar bien con nosotros. Controlar la ira, el mal humor y los apuros inventados.
El segundo paso es el de visualizarse a Ud mismo algunos años atrás. Véase a sí mismo en momentos en lo que ha estado solo (ambientalmente hablando) en el cual no haya estado conversando con nadie. Imagínese manejando, cocinando, leyendo, caminando, etc. ¿No siente ternura por Ud? Si lo logra, repítalo varios días y recién allí pase al punto tres.
Recién cuando es capaz de amarse a Ud en otro momento de su vida, de perdonarse, de entenderse aún con sus fallas, a punto tal de que siente ganas de abrazarse podemos empezar a querer a los demás. Allí observe a personas que pasen por allí, aunque no sepan quienes son. Y si no lo sabe, quizás sea mejor. Mirelos en silencio e imagínelos con sus miedos, sus tristezas, su cansancio. ¿Pueden sentir algo?
Como todo, la práctica debe ir de la mano de una efectividad mejor, aunque me hago algunas preguntas y me imagino algunas respuestas. Esa sensación la puedo experimentar bajo con condiciones: la persona no me ve o por lo menos no me está mirando y está en silencio. ¿No coinciden estas condiciones con nuestras prácticas de oración? ¿Será acaso ese el silencio que Dios nos pide? Imaginemos al Creador. ¿Se acerca cuando hablamos en un momento de mucha acción o podemos sentirlo cuando Él nos mira con amor de Padre?
No tengo respuestas cerradas respecto a este tema, pero quizás sea un principio o uno de los infinitos caminos para aprender a amar.

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¿Qué es amar al prójimo?

mundus 29/03/2009 @ 04:41

Por Daniel do Campo Spada

pobreza_041.jpg Debo reconocer que en este texto me voy a guiar solamente por algunos ejercicios que sguramente Dios me ha puesto enfrente, aunque esta vez no apele a la Palabra como es habitual. Y el tema es tan básico como profundo. Jesús nos enseñó que debemos amar a Dios por sobre todas las cosas y ello nos parece accesible. Cuando en cambio nos reprime al decir que quien no ame a su hermano no quiere al Padre, la cosa se complica. ¿Se puede aprender a querer?
Querer es un ejercicio que también se aprende. La primera escuela de amor que tenemos es la familia. Por ello la importancia de los buenos ejemplos. Más que las familias ensambladas, de lo cual ya hemos hablado profundamente, debemos preocuparnos de pequeños “grandes” ejemplos. ¿Qué pasa por la cabecita de un niño cuando ve que los adultos “encierran” a sus ancianos sin haber agotado todas las instancias? Esto es importante, porque algunos no pueden encontrar otra solución y seguramente se encuentran desgarrados por dentro, pero acá hablamos de los que no quieren resignar su vida social o comodidad por cobijar a ese ser cercano (aunque evidentemente no querido).
También hay abandonos más sutiles, como son el de mirar para otro lado como si lo que le pasa a un ser humano que no esté en nuestro núcleo no nos importara. En esto Jesús es claro. No sirve solamente el bien que le hacemos al cercano, ya que los asesinos también juegan con sus hijos y hasta quizás sean buenos con sus padres, pero una parte de ellos trabaja para Satán.
En la vida cotidiana muchas veces anteponemos nuestro cansancio al problema de otro. Nos ponemos primero. Estamos cansados o enojados, o simplemente “se nos ocurrió” y ya no nos preocupamos por el siguiente.
En mi vida de periodista o de profesor, veo a cotidiano actitudes de abandono, de la cual muchas veces también soy prisionero. Miramos los puntos de nuestro interés y nos cuesta reconocer en los “otros” a seres sensibles, que también sufren. Si alguien nos dijera que ese que está tirado en la vereda pidiendo monedas o sentado en nuestra clase fuera Jesús nos arrojaríamos a besarle los pies y ha sido Él mismo quien nos explicó que está en todo aquel que nos pidió agua o un lugar para dormir.

Febrero 2009-02-05
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“Encuentro con la Palabra”.

mundus 22/02/2009 @ 02:37

Por Daniel do Campo Spada

revista_encuentro.gif La lectura cotidiana ayuda a “escuchar” a Dios todos los días. Es el perfecto refugio para descansar de este mundo agobiante. Un descanso entendido no desde lo muscular, sino desde lo espiritual. En estas líneas que compartimos hablamos permanentemente del “retiro” en el cual podamos alcanzar otra velocidad en medio del vértigo. Esa pequeña banquina en la que todos corren sin saber hacia donde van.
Siempre admiraba las publicaciones de las que disponían por ejemplo los Testigos de Jehová, donde en coloridos librillos podían acceder a su interpretación de Dios. A pesar de ser tantos los cristianos deseosos de tener esas herramientas de acceso, debieron pasar varias décadas hasta que nuestras publicaciones también sean agradables.
Desde hace trece años, un producto de la Editorial Santa María de Buenos Aires, nos permite seguir día a día con la Palabra del Señor, sin necesidad de poner en riesgo nuestra Biblia. “Encuentra con la Palabra” es una publicación mensual excelente, en un tamaño muy portable (medio carta) y con una calidad de impresión notable para un precio accesible. Día por día, están las lecturas extraídas del Libro Santo, acompañadas por breves reflexiones y el obituario del santa de la fecha. Las ediciones son revisadas por la Comisión Episcopal de Liturgia, dándole de esa forma cierta “garantía” de la calidad del material.

ENERO 2009-01-24
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El celibato como entrega.

mundus 13/02/2009 @ 23:57

Por Daniel do Campo Spada.

catolicos_300.jpeg El celibato, entendido como “el estado de vida que elige el religioso (o sacerdote) por el cual él/ella promete no contraer matrimonio o tener relaciones sexuales”1 es una condición necesaria para poder entregarse al servicio de la Iglesia y sus fieles. Quienes somos casados, sabemos muy bien que las demandas conyugales nos impedirían tener una situación de entrega total.
Uno de los roles fundamentales de los curas es el de mantener nuestras Iglesias. De hecho, aunque no son de su propiedad, se cargan al hombro las instituciones asignadas. Por cierto que algunas (sobre todo selectos y grandes colegios) parecen altamente autosostenibles, pero la GRAN MAYORIA apenas si pueden sostenerse con la limosna de los creyentes. Los templos, sus obras y sus servicios, no pueden sostenerse con las monedas que los pocos centenares de feligreses dejan en una misa semanal. Si a ello le agregamos que cada vez concurren menos (tema que trataremos en otros párrafos), ¿cómo hacer para que ello se mantenga? Que una humilde parroquia esté abierta para el momento en que nuestro corazón nos invite ir a la Casa del Señor implicó que al menos una persona pase penurias: el cura. Basta escucharlo al Padre Farinello, quien reiteradamente dice en sus programas de radio o televisión que él habitualmente ve a “curitas que pasan hambre”, a pesar de que la imagen de curas nadando en dinero ajeno se ha instalado en una sociedad cada vez más secularizada pero totalmente desactualizada.
¿Cómo podría alguien que tuviera una familia dedicarse a una tarea extra hogareña absorbente y que además es deficitaria? Por ello, el control de la pasión carnal no solo es lo genital. El celibato es una forma de entrega total. No tienen día ni noche, ni feriado. Son sacerdotes las 24 horas del día, entregando lo que dan y aquello de lo que se privan. ¿Acaso ello no es entrega?
La editorial porteña Centro de Difusión de la Buena Prensa, tiene una colección maravillosa de pequeños volúmenes que encaran temas actuales y complicados. No solo tienen un abordaje valiente sino que además muestran en la mayoría una apreciable amplitud de criterio. A quienes puedan acceder recomiendo la lectura de “¿Por qué no se casan los curas?”, donde J. Paolini y A. Cifelli trazan en apretada síntesis la problemática de la resignación a no casarse, donde no solo deben controlar los impulsos sexuales, sino que además se postergan como individuos autorrealizables para darse en entrega a la comunidad, que solo los ve cuando lo necesita. Entre bautismo y bautismo, unción de un familiar enfermo o responso, el sacerdote no está en un freezer. Vive postergándose en muchos planos, incluído el de la carne, para poder ser de todos, al mismo tiempo que debe sostener instituciones que no son de su propiedad privada, como sí es el caso de otras religiones cristianas y pre-cristianas.

ENERO 2009-01-16
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