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Archivo: Octubre 2009

Ansel Grun y la edad intermedia.

mundus 26/10/2009 @ 05:36

Por Daniel do Campo Spada.

ANSEL GRUN Ya hemos hecho referencia a ese inesperado guía espiritual que Dios nos regala. No siempre es alguien que podamos ver en forma personal, sino que por el contrario la intermediación bien puede ser un libro, el programa de radio o un sitio de internet. En lo personal, vía sus publicaciones, Grun llega a nuestro corazón trayéndonos la sabiduría con la que el Creador lo ha bendecido.
En esta ocasión, haremos referencia a un libro1 en el que reflexiona sobre una de las etapas mas debatidas en la vida contemporánea: la edad intermedia y su final. Ese momento de nuestra existencia terrena, junto a la de la niñez, la juventud y la de la ancianidad, tiene sus particularidades y sus enseñanzas, porque de eso se trata. De vivir cada dificultad como un puente hacia un crecimiento espiritual que nos lleve a Él.
Toma como referencia a Johannes Tauler, un monje dominicano del siglo XIV, que como bien explica Grun en su prólogo, fue conservado y estudiado por los protestantes, que en Alemania tienen una presencia muy considerable. Nuestro monje benedictino lo rescata con la visión católica precisa, pero con el ecumenismo que lo caracteriza.
Siempre referenciando a Tauler desarrolla algunas prácticas que fundamentalmente los creyentes practicantes solemos hacer en forma errónea. En distintas páginas, por ejemplo, relata que en la edad intermedia se suele alcanzar (al igual que en otras cosas de la vida) una cierta insatisfacción religiosa. Ello puede provocar la ruptura con la religión o bien un empecinamiento (de mal final) en lo ritual.
Entre los 40 y 50, se producen cambios laborales, separaciones, pérdidas, cambios importantes, etc. Es sin duda alguna una etapa de giro, de “pivote”. El capitalismo lo resignificó con “la vida empieza a los 40”, apelando a que el consumo que hasta allí se hizo con los hijos a los que que había que crear, se puede gastar en uno mismo. La finalidad vuelve a ser la de consumir por el afán de lucro aunque se disfraza detrás de la satisfacción personal o la realización “de aquellos sueños que no has podido concretar”. El “sistema” nos quiere gastando.
Desde lo físico, quien duda que empieza otra etapa, marcada desde los límites en lo orgánico. Pero al mismo tiempo es el comienzo de la cumbre mental, aunque lo externo termina volcando la batalla hacia “lo que se ve”. No es casual que los gimnasios y locales de estética estén llenos de “cuarentones” que no se resignan a que una etapa se va. Ser maduros es prepararse para la que viene, que siempre debe ser mejor que la anterior.
Grun advierte sin embargo, que desde lo espiritual hay una “apretura” (sic) en la que debemos ceder el control al Espíritu Santo. Usando palabras nuestras, esa angustia que indefectiblemente se pasa en esos años, debe ser soportada para poder recibir la “última horneada”, que nos prepare para la tercera edad, en la cual la plenitud debe ir de la mano de la aceptación de las limitaciones que se pueden convertir en una oportunidad de mayor crecimiento.
Con respecto a un tema recurrente como es el de la oración, invita Tauler a orar mas en silencio que pidiendo, dejando obrar a Dios. Sobre este tema vamos a volver en otras líneas, ya que la oración es la gran herramienta del cristiano.

Octubre 2009-10-11
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El cansancio y Lo que se debe tener.

mundus 19/10/2009 @ 03:34

“Oré, y me fue dada la prudencia. Supliqué y descendió sobre mí el espíritu de la Sabiduría. La preferí a los cetros y los tronos, y tuve por nada las riquezas en comparación con ella. No la igualé a la piedra más preciosa, porque todo el oro, comparado con ella, es un poco de arena. Y la plata, a su lado, será considerada barro”. (Sabiduría 7, 7-8).

Por Daniel do Campo Spada.

peregrino1.jpeg Y entonces la pregunta es ¿hasta donde desear tener? Jesús no nos dice tampoco que debamos negar objetivos, aunque sean en algunos casos materiales, aunque sí advierte que “pasará antes un camello por el agujero de una aguja, que un rico al Reino de los Cielos”1. Si la riqueza se convierte en fruto de la explotación de otro hermano, o es una herramienta propicia para el pecado, ya estamos en problema. Cuando supera la segunda capa disponible estamos superando lo que el relato bíblico sugiere como lo necesario.
Muchos filósofos y sociólogos hablan del valor “funcional” y del valor “simbólico”. Una casa tiene el valor funcional de permitirnos tener un refugio, necesario para la vida civilizada, cuidar a los hijos y a los ancianos, poder descansar, etc. En tanto que valor simbólico es cuando en lugar de buscar una vivienda por su utilidad nos vamos hacia el campo de ostentación, “para mostrar” mas que para usar. En la moda o en los vehículos es un eje permanente. La posesión de algo funcional no es condenada por Dios, aunque el hecho de utilizarla para sobresalir por sobre la capacidad económica de un hermano nos convertirá en polilla.
En una economía de tipo capitalista, donde mas que personas somos consumidores, ello se hace difícil, porque se instala en el “imago”2 social y abstraerse es “sacarse la correa de esclavo moderno”. Por ello podemos decir que no es casual que dentro de los discursos sociales no esté incluido el acercamiento religioso. Si realmente meditáramos la palabra del Creador, muchos de los consumos (de carácter simbólico o impulsivos) no tendrían lugar.
Alimentarnos, vestirnos, instruirnos y hasta curarnos, están dentro de las prácticas funcionales. La valoraciones simbólicas que sobre ello se hacen terminan generalmente en desvíos que provocan ese lamentable cansancio del que no tiene rumbo. Porque si hay un objetivo, el cansancio es funcional al logro y a alegría de obtenerlo con el esfuerzo.
Muy por el contrario, como corremos y no tenemos tiempo de orar (pensar), solo tenemos cansancio, que en este caso es dis-funcional.

“Los ricos padecieron necesidad y hambre, pero a los que buscan al Señor no les faltará bien ninguno”. (Salmo 33, 11)

El cansancio y las cargas innecesarias.

mundus 12/10/2009 @ 19:29

“Veníd a mí todos los que andais agobiados con trabajos, y cargas, que yo os los aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso, y humilde de corazón y hallaréis el reposo para vuestras almas. Porque suave es mi yugo y ligero el peso mío.”
(Mateo XI, 28-30)

Por Daniel do Campo Spada.

limousina.jpeg La vida agitada y el trajín que a cotidiano tenemos nos lleva en algunos momentos a la tentación de bajar los brazos. El agobio, la apatía y la tristeza se hacen presentes y podemos derivar en depresiones de difícil solución. Lo mas probable es que busquemos la tranquilidad alimentándonos de fármacos y elementos tecnológicos más sofisticados que nos permitan seguir a la velocidad que la modernidad nos impone. Sin embargo, al poco tiempo estaremos nuevamente con la sensación de no llegar a “esas metas” que imaginamos auto impuestas, aunque en la mayoría de las veces han sido diseñadas desde afuera para aumentar nuestra dependencia.
La esclavitud, se presenta hoy con otras caras. Hija directa del diablo, se muestra seductora, moderna, eficiente. En esa patina deseamos tener los mejores celulares, los mas modernos autos y las mas sofisticadas computadoras. En ello se invierte la vida, que termina con un adulto insatisfecho, cansado y... totalmente ajeno a Dios.
A pesar del rol de periodista, hace unos años decidí no tener celular y eso generó una auténtica revolución en mí entorno. “¿Cómo vamos a contactarte si te necesitamos? ¿Y si te pasa algo? ¿Y si te necesito urgente?”, eran los permanentes comentarios que escondían un poco (y mucho) de enojo. ¿Cómo alguien se atreve a sacarse esa cadena invisible gracias a la cual debemos estar siempre disponibles? ¿Cómo alguien se atreve a dejar de ser esclavo? Mas allá del pánico inicial, al poco tiempo comprendí que ese elemento tan útil en algunas contadas ocasiones, también era algo que provocaba cansancio. No solo nos esclavizaba sino que encima había que mantenerlo (abonos, cambios de equipos, etc.).
Un par de años después, tuve un incidente grotesco con el Banco Galicia de Buenos Aires, que por una extracción de cajero automático que origina un gasto de u$s 1, me terminó cobrando u$s 450 (esto ocurrió en pesos argentinos, pero lo dolarizamos para que nuestros lectores extranjeros entiendan la magnitud del incidente) por un engaño simple: el gasto, del cual me dí cuenta tres años después, fue a una cuenta nunca usada. Aproveché la oportunidad y el enojo y cerré todas mis tarjetas de crédito. Resultado: Ya no estoy pendiente de ningún “gastito” sorpresivo de una entidad bancaria. ¿Algo cercano a la libertad?
Las escrituras nos dice que cuando los Apóstoles comenzaron su camino, Jesús les aconsejó que anduvieran ligeros de ropas y que no llevaran dos capas. Eso les permitiría mantenerse livianos, sin cargas, sin cansancios innecesarios. Cuando nuestro Hermano Mayor nos dice “vengan a mí”, en su ejemplo está la ayuda. Su palabra es un claro ejemplo de desprendimiento, porque en el acaparar vamos rumbo al cansancio. ¿Es feliz el que mucho tiene o es feliz el que no le falta?

Octubre 2009-10-11
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