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Archivo: Abril 2009

Guías espirituales. Relatos de un peregrino ruso.

mundus 27/04/2009 @ 17:26

Por Daniel do Campo Spada.

peregrino.jpeg En un libro de la Editorial Claretiana1 que incluye la colección “Clásicos de Espiritualidad” nos encontramos con una auténtico guía espiritual que en lo que es una obra literaria nos lleva hacia pensamientos interiores propios de alguien que fervorosamente busca a Dios.
La historia que bien puede leerse como una novela escrita en primera persona (de autor anónimo) en la que nunca nos enteramos del nombre del personaje principal nos muestra el devenir de un peregrino que tras haberlo perdido todo por la envidia que un hermano le tenía en función de que un tío le había dejado dinero y un comercio y que en un arrebato le incendia todo. Nuestro “personaje guía” se ve impulsado a la pobreza más cruda en una Rusia de finales del siglo XIX, con una monarquía decadente y una militarización presente en todos los espacios de la vasta geografía de las estepas.
Con solo dos libros (la Biblia y la Filocalia de la Oración de Jesús2), el peregrino, recorre las rutas dependiendo de trabajos ocasionales o de la buenaventura, pero sin preocuparse de otra cosa que del alimento espiritual para el que va aprovechando los espacios de silencio y tranquilidad que le brindan los caminos.
Aunque no tiene autor, en el prólogo (también anónimo) se advierte que es muy probable que los haya escrito un monje del siglo XIX con la intención de impulsar el interés en los los mencionados libros que el peregrino lleva en su mochila y sobre la que da consejos de lectura a los lectores de su libro. Como si se tratara de un metalibro, la lectura de la mencionada obra impulsa a la lectura por ejemplo de la Filocalia, que a pesar de ser un clásico canónico se halla cada vez más abandonado por los cristianos ajetreados por las obligaciones cotidianas.
Cuando se habla de lectura en momentos de distracción, veraneo o fines de semana largos, en los anaqueles aparecen libros “fáciles” como si esta división entre libros fuera válida. Esta es una opción inteligente y fundamentalmente atrapante.
El recorrido del peregrino y los personajes que van apareciendo abren nuevos intereses en la búsqueda espiritual en la cual el “personaje” nos va guiando en la búsqueda de la oración interior que es lo que tanto lo desvela.

MARZO 2009-03-09
TECUM – NOVO MundusNET Televisión
Permitida su reproducción con mención de la fuente.

Guías espirituales. El Padre Jamut contra el mal.

mundus 19/04/2009 @ 03:21

Por Daniel do Campo Spada.

En estas líneas habitualmente nos detenemos a mencionar a aquellos guías espirituales que Dios pone al alcance de nosotros para poder avanzar en este destierro de la vida perecedera. Uno de ellos, que gracias a sus publicaciones surge con toda claridad es el Padre Gustavo E. Jamut, quien en distintas obras nos lleva en una lucha contra las acechanzas del mal.
Los miedos, los “frenos”, o cualquiera de las trampas que el maligno pone en nuestro camino deben ser sorteadas con plena Fé y perseverancia. Para esos momentos en los que hay que atravesar nuestro desierto espiritual, un mapa o una guía se comportan como una gran prótesis. En el libro “Lo que nos roba la paz”1 (Buenos Aires, San Pablo, 2007), el Padre Jamut manifiesta que contrariamente a lo esperado, la primer petición que las personas hacen a Dios es la de tener Paz en sus almas, superando a los ruegos por salud física y trabajo. Eso demuestra que el humano necesariamente quiere volver al Padre, y es en esa búsqueda que se da el desasosiego propio de la desorientación. De la misma forma que muchas personas “no creyentes” pueden comportarse según la voluntad de Dios, frecuentemente buscamos “algo” que muchos no sabemos que es. Cuando nos damos cuenta que es la necesidad del Creador, empezamos a saber hacia donde debemos ir. El problema es como. Porque como dice Jamut, la única Paz que no es efímera es la de el Padre.
En ese trabajo se da un perfil de lo que es su acción espiritual al recomendar oraciones que nos liberen de pensamientos negativos que nos generan incertidumbres y zonas grises en nuestra alma.
Otra de sus obras con más fuerza es el compendio de “50 oraciones y salmos de protección y liberación” (Buenos Aires, San Pablo, 2008) en la que es imperdible su introducción sobre “¿Qué es la oración?”. En ella reflexiona sobre la importancia de una oración “vocalizada” y otra “interior”, que sobre todo en este último caso debe ser sincera. Allí deja en claro nuestra posición de acudir a los guías, ya que escribe “... es necesario acercarse al sacramento de la Reconciliación a fin de pedir perdón a Dios y así ser liberados. Dejándose también ayudar, en caso de ser necesario, por quienes están capacitados para hacerlo, sea tanto en el plano espiritual como psicológico y clínico”2. Allí se reúnen oraciones y salmos de liberación que permiten dirigir nuestros rezos con gran fuerza para que si algo maligno circula por allí, es propio protegernos para que nada nos separe de este camino de peregrinaje espiritual hacia la vida verdadera.
Y la tercera obra a la que vamos a hacer referencia es un “Rosario para ser libre de los temores y de los miedos”3 (Buenos Aires, San Pablo, 2008) que se puede rezar cualquier día de la semana, y en la que hace un recorrido por nuestros momentos negativos que seguramente han marcado nuestro presente. Por ello, en cada Misterio, Padre Nuestro, Ave María, Gloria y Salve de un Rosario común, le agrega pedidos puntuales que nos llevan desde los temores que podemos haber acumulado desde nuestra niñez más temprana hasta nuestra ancianidad. Es un auténtico recorrido de vida y una experiencia de gran conmoción emocional ya que nuestro espíritu lleva las marcas de las dificultades que nuestra vida cotidiana nos pone enfrente.
Para comunicarse con el Padre Jamut, quien da retiros en varios lugares de Argentina, se puede escribir al e-mail secretaria@sanroquercc.com o bien visualizar su sitios web www.sanroquercc.com .

MARZO 2009-03-08
TECUM – NOVO MundusNET Televisión
Permitida su reproducción con solo mención de la fuente.

Amor y deseo.

mundus 14/04/2009 @ 00:11

“Amó tanto Dios al mundo, que no paró hasta dar a su Hijo unigénito a fin de que todos los que crean en él no perezcan sino que vivan la vida eterna”.
“Lo que ha nacido de la carne, carne es, más que lo ha nacido del espíritu es espíritu o espiritual”.
(San Juan 3, 16 y 6)

Por Daniel do Campo Spada

jamut.jpeg Con respecto al amor, podemos enredarnos en confusiones propias del lenguaje. Más de un estudioso ha coincidido con la idea que el lenguaje es un gran estafador de la realidad. Muchas veces una palabra nos remite a otra. Por ejemplo en el castellano moderno llamamos “hacer el amor” a mantener relaciones carnales. ¿Esto solo es el amor?
La literatura nos ha llevado a parcializar la concepción de amor al que se siente en situación de pareja, hacia el otro en función de una unión amorosa. Cuando llegan las fechas alegóricas de los días de los progenitores las publicidades nos inundan con frases ingeniosas que incluyen “el amor de una madre” o “no hay como el amor de un padre”. Fuera de allí parece que no hubiera más aplicaciones posibles. Pocas veces ocupa el primer lugar el amor a los otros.
Los que somos padres, ¿somos capaces de entregar a nuestros hijos por amor a alguien más? No hace falta que me escriba con su respuesta porque la imagino. Incluso, la “propiedad de los hijos” es un tema que requiere párrafos propios. Bueno, aunque nos parezca imposible ello hizo Dios por nosotros. ¿Con qué necesidad?
Se me ocurre una explicación concentrada en la línea del Evangelio de Juan con el que abrimos. “Por amor a nosotros”, sería la respuesta más adecuada. Jesús vino y se entregó a una vida terrena, con todo lo que ella tiene de miserable, para dejarnos sus enseñanzas, que aún veinte siglos después seguimos aprendiendo. Analizando los hechos, a la palabra amor podríamos agregarle un significado: entrega. Inmediatamente debemos remitirnos a los miles de hermanos y hermanas que sacrifican su vida, que podría ser distinta, al cuidado de enfermos olvidados, de ancianos sin protección, de la alfabetización y otro innumerable rosario de acciones que trasuntan ello: amor.
¿Qué pasa con el deseo sexual? ¿Es amor? La cultura audiovisual en la que vivimos ha incrementado el deseo por una de las necesidades fisiológicas de los humanos que es el impulso reproductivo. No es un espacio para explayarnos en esta temática, pero sí es cierto que el gran desarrollo del deseo carnal se da en la mente, a punto tal que cuando muchas relaciones sexuales son reales en los cuerpos, pero distintas en las mentes de sus amantes. El placer dura un rato, pero lejos está de la felicidad cuando estas prácticas requieren cada vez una vuelta más de tuerca en la psiquis. Relaciones admitidas por nuestros mandatos culturales parecen no alcanzar en una mente que cada vez pide más y no es extraño que esa espiral termine por crear patologías cada vez más extremas, a punto tal que han comenzado a crearse clínicas de recuperación por la adicción al sexo.
La Palabra y entregarse a la protección de Dios es un camino de recuperación, incluso para un beneficioso uso de la actividad sexual.

Febrero 2009-02-05
TECUM -NOVO MundusNET Televisión
Permitida su reproducción con mención de la fuente.

¿Se puede aprender a amar?

mundus 04/04/2009 @ 23:42

Por Daniel do Campo Spada

cielo_01.jpeg Un día decidí crear un blog cristiano impulsado por algo que parecía no provenir de mí. Como si fuera un mandato superior. ¿Se entiende a qué me refiero? Desconozco a cuantos les sirven estas palabras, pero la pregunta era: ¿Todo lo que estudio, que afortunadamente puedo adquirir en libros, DVD o viajes es solo para mi onsumo personal? Nunca supe si era lo necesario, pero empecé a sacar hacia afuera vivencias que me quemaban por dentro. El amor a Dios no permite quedar indiferente, aunque seamos seres llenos de defectos y mucho menos seamos ejemplos. Pero una habitual canción de misa nos repite que “no has buscado ni a sabios ni a ricos”. ¿Por qué tantas explicaciones? Porque voy a contar algunos hechos (que no creo casuales sino inspirados por el Creador) que me ayudaron a vivir momentos de amor al prójimo realmente intensos, que lamento que no sean permanentes o por lo menos más extensos. Supongo que los Santos pudieron experimentar esto en forma permanente y por ello son nuestros Hermanos Mayores.
Cuando pasados los 35, volví a la religión en un sentido mucho más maduro que lo que había estado hasta los 23 o 24 años, empecé a vivir momentos en los que ver una puesta de sol, una nube recortada en un cielo celeste, una planta al costado de una ruta o cualquier manifestación de la naturaleza me parece maravilloso. En el medio, ya imaginan cuál fué el derrotero: magias, quiromancias, y todas las equivocaciones que se puedan enumerar.
Ese estadio de querer todo lo que uno ve, coincide con nuestra paz interior. Si estamos en un momento de ira, por el contrario, podemos mandar al infierno al auto que falla, a la ropa que queda chica o a la computadora que no responde. Si estamos en sintonía con el Creador, todo parece bello.
Sin ser experto, trataré de poner en palabras unos ejercicios que por momentos me permiten amar a todos, y no solo a los nuestros.
El primer paso es tratar de estar bien con nosotros. Controlar la ira, el mal humor y los apuros inventados.
El segundo paso es el de visualizarse a Ud mismo algunos años atrás. Véase a sí mismo en momentos en lo que ha estado solo (ambientalmente hablando) en el cual no haya estado conversando con nadie. Imagínese manejando, cocinando, leyendo, caminando, etc. ¿No siente ternura por Ud? Si lo logra, repítalo varios días y recién allí pase al punto tres.
Recién cuando es capaz de amarse a Ud en otro momento de su vida, de perdonarse, de entenderse aún con sus fallas, a punto tal de que siente ganas de abrazarse podemos empezar a querer a los demás. Allí observe a personas que pasen por allí, aunque no sepan quienes son. Y si no lo sabe, quizás sea mejor. Mirelos en silencio e imagínelos con sus miedos, sus tristezas, su cansancio. ¿Pueden sentir algo?
Como todo, la práctica debe ir de la mano de una efectividad mejor, aunque me hago algunas preguntas y me imagino algunas respuestas. Esa sensación la puedo experimentar bajo con condiciones: la persona no me ve o por lo menos no me está mirando y está en silencio. ¿No coinciden estas condiciones con nuestras prácticas de oración? ¿Será acaso ese el silencio que Dios nos pide? Imaginemos al Creador. ¿Se acerca cuando hablamos en un momento de mucha acción o podemos sentirlo cuando Él nos mira con amor de Padre?
No tengo respuestas cerradas respecto a este tema, pero quizás sea un principio o uno de los infinitos caminos para aprender a amar.

Permitida su reproducción con mención de la fuente.