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Archivo: Diciembre 2008

La triste posición de la Iglesia Católica

mundus 27/12/2008 @ 23:18

Por Daniel do Campo Spada.

Reproduzco aquí una de las notas de la revista que dirijo porque una vez más las cúpulas de nuestra Iglesia parecen estar muy lejos del ejemplo de Jesús y su opción por los pobres.

tapa_eco_33.jpg Los católicos no podemos sentir otra cosa que vergüenza ajena ante el comportamiento de muchos feligreses y ministros de Cristo en Bolivia. Lejos de adoptar la opción por los pobres, desde el comienzo del conflicto racista se pusieron manifiestamente del lado de los cruceñistas santacruceños y el resto de las organizaciones de derecha financiadas por la norteamericana USAID. Desde el Vaticano no partió la más mínima reprimenda, tan atento a condenar rápidamente cuando las causas son populares.
En el punto 27 del Informe Final de la Comisión de UNASUR los integrantes de la misma manifiestan haberse entrevistado con el Padre Jaime Soussly Alvis del Obispado de Cobija, quien manteniendo una dudosa posición cristiana compra el discurso de los terratenientes, acusando al gobierno de Evo Morales de incentivar la división. Justifica ello criticando la asignación de tierras a los campesinos pobres, que llegó para suplir una injusticia y situación de despojo hacia los pueblos originarios que se prolonga desde la invasión de los españoles hace cinco siglos.
Por otra parte, dijo que aunque hay crisis económica, los empleados que el estado nacional ha contratado en gran número en los últimos años termina siendo una acción de clientelismo y no de inclusión. Agregó que no hay progreso en ningún aspecto desde que está el gobierno del MAS, repitiendo el discurso de los racistas blancos.
Soussly Alvis defendió el accionar de la policias y de las fuerzas oficiales pandinas, a pesar de que los indicios marcan que tuvieron una inactividad cómplice que permitió trabajar a discreción de los sicarios que ingresaron desde Brasil (según consta en el punto 30 del mismo Informe Final).

DICIEMBRE 2008
TECUM – NOVO MundusNET Televisión
Permitida su reproducción con mención de la fuente.

APARECIDA I - El difícil trance de las fiestas.

mundus 22/12/2008 @ 22:33

Por Daniel do Campo Spada.

“La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo no es un sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de la fé, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios. Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona. Haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo.”
(DOCUMENTO CONCLUSIVO de APARECIDA, Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, 2007, Párrafo 29).

navidad_01.jpeg Cuando llegan estos días conviven dos situaciones extremas. Los que a través del consumismo desenfrenado revisten los festejos de Nochebuena, Navidad y Año Nuevo con estridencias y ruido, ante la imposibilidad de poder reflexionar y escuchar al otro. Por el otro lado, están aquellos que, conscientes de ese correr hacia ningún lado quisieran aislarse y esconderse. No es casual que los Monasterios tengan en esta época la máxima demanda. ¿Donde ir cuándo todo son saludos superficiales, de plástico, automáticos, ruidosos y poco sinceros? Difícil respuesta que no tenemos.
La lucha para vivir Nochebuena y Navidad de otra manera es muchas veces una batalla perdida en el interior de las familias. Muchas parroquias a lo largo de nuestra América Latina vienen desarrollando fiestas comunitarias (sobre todo en los grupos de base) en las que el eje está en el ENCUENTRO y no en lo que come glotonamente. Un mate, algunas cositas dulces caseras o hasta una comida como la de todos los días sirve para vivir las fiestas en el espíritu de Cristo.
Papá Noel, los árboles de Navidad, los regalos, las luces, la música fuerte, etc, son aditamentos que no sirven más que para hacer ruido en los espíritus y donde se puede disfrutar solamente si se entra en ese juego de desenfreno que solo responde al consumismo. Una vida agitada como la que se lleva hoy no solamente en las urbes sino también en las ciudades cabecera de los pueblos rurales no permite el encuentro tranquilo. Las celebraciones del 24 y 25 de diciembre son una excusa para vernos las caras, ya que el mismo Documento de Aparecida nos indica que la vida en Jesús solo se da en comunidad con los demás.
“Ante la idolatría de los bienes terrenales, Jesús presenta la vida en Dios como valor supremo”. (Marcos 8, 36)
Muchos enfrentamos los días festivos con esa sensación de incomprensión en cuanto al sentido legítimo, pero no debemos desfallecer en ello. Con dulzura y muchísima paciencia debemos imitar a Cristo, que por momentos predicó en el desierto, donde seguramente alguien escucha y casi sin pensarlo estaremos dando inicio a una nueva forma de vivir días tan especiales. Por otro lado, aunque desparramados y tapados por el ruido, no somos pocos.

DICIEMBRE 2008-12-21
Permitida su reproducción con mención de la fuente.

El Dogma y la Realidad. Las uniones de pareja. Parte III.

mundus 22/12/2008 @ 22:29

Por Daniel do Campo Spada.

anillos.jpg Como cierre de esta serie de notas sobre esta temática, queremos hacer una crítica a dos notas aparecidas en dos revistas muy rescatables y recomendables como son Familia Cristiana y Nueva Lectura que habitualmente seguimos mas allá de algunas disidencias en algunos escritos sobre sociedad, historia o política. La diferencia no aplaca el respeto.
La primera de ellas fue publicada en Familia (N° 773, Octubre de 2008, Pág 14) por Yusi Cervantes Leyzaola, de quien no tenemos mayores referencias a si es laico o sacerdote pero de todas formas bajo un titulo sereno (“Creo que deberíamos separarnos”), tras lo que parece una carta de lectores con la cual podríamos identificarnos muchos. Un señor, casado en primeras nupcias, tiene tres hijos y considera que está en situación de hastío en su relación matrimonial. Tiene una amante y se quiere separar. Las respuestas que el dogma nos permite es estrecha, pero pareciera pecar de infantilismo cuando se limita a aconsejarle “terminar cuanto antes con esa relación. Además de porque es deshonesta, le impide ver con claridad y luchar como se debe por su matrimonio y su familia. Deje de vivir en la mentira”. Quizás podamos entender que una doble relación no es lo bueno y en esto hasta coincidimos, pero... ¿Seguir con una relación que no representa la calidad que sus entimientos ameritan no es mentir? ¿Es válido solo mantener una imagen exterior? ¿No es acaso eso también un pecado?
Cervantes Leyzaola sí es fiel Dogma, ya que recupera que “si verdaderamente las dificultades fueran graves y el mal menor fuera la separación, la Iglesia considera esa posibilidad, y habría que plantear el caso ante el tribunal eclesiástico. Hay que tomar en cuenta que la separación no anula el vínculo matrimonial, por lo tanto ninguno de los dos podría volver a casarse”. Por lo que se entiende, lo que aquí se desata, nos volvería a atar en el Cielo. ¿Quienes se hayan separado emocional y físicamente volverán a vivir juntos la eternidad?
La otra nota, publicada en Nueva Lectura ( N° 176, Noviembre 2008, Pág 74), sin firma y bajo el título “El matrimonio basura” da la pauta de que quien escribe no es sacerdote, ya sobre el fonal manifiesta “estoy un poco harto de que siempre tengan que ser los curas los que salgan al quite y digan lo que piensan o lo que tantos piensan y no se atreven a decir”. Una revista con notas que por momentos son buenas pero en las que otras destilan veneno se desmerece cuando en un párrafo dice que “cualquier persona era muy libre de organizar su vida como quisiera, aunque, también creía -y sigo creyendo. Que ese tipo de uniones, dígalo quien lo diga, nada tenían que ver con el matrimonio. Meter, pues, en el saco de la institución matrimonial cualquier tipo de unión, convertir el contrato de matrimonio en algo tan inane como el que se firma en Las Vegas, o tratar a los hijos como si se trataran de derechos en lugar de generadores de obligaciones y responsabilidades, considero que convierte al matrimonio, también, en una especie de cajón de sastre sin atractivo ni sentido.”
¿Por qué mencionamos estas notas? Porque algunas revistas católicas parecen estar lejos de la piedad, abordando más una conducta condenatoria que comprensiva. ¿Si firmara una nota, que escribiría Jesús?

El Dogma y la Realidad. Las uniones de pareja. Parte II.

mundus 15/12/2008 @ 21:20

Por Daniel do Campo Spada.

“Nadie se sienta sin familia en este mundo: la iglesia es casa y familia, de todos, especialmente para cuantos están fatigados y agobiados”. (Mt 11, 28)

“Existen, sin embargo, situaciones en que la convivencia matrimonial se hace prácticamente imposible por razones muy diversas. En tales casos, la Iglesia admite la separación física de los esposos y el fin de la cohabitación. Los esposos no cesan de ser marido y mujer delante de Dios; ni son libres para contraer una nueva unión. En esta situación difícil, la mejor solución sería, si es posible, la reconciliación. La comunidad cristiana está llamada a ayudar a estas personas a vivir cristianamente su situación en la fidelidad al vínculo de su matrimonio que permanece indisoluble.” (Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal Argentina, Madrid, 1993, Parágrafo 1649)

anillos.jpg Su Santidad Benedicto XVI dijo durante los primeros meses de su papado que las segundas uniones solo podían ser bendecidas por la Iglesia Católica siempre que estos aceptaran vivir como “hermano y hermana”, Dicho de otra forma, sin ser pareja. Nadie es pareja de su hermana. Dicho de otra forma, el Dogma de nuestra Fé hoy no nos ofrece solución al problema extendido de las familias ensambladas. En uno de mis retiros espirituales le comenté a un Monje que ello me taladraba. En mi tercera unión (ninguna por Iglesia) volví a la Fé y a las escrituras. Pero ya tenía dos hijos con mi compañera. ¿Era válido allí repudiar lo que no deja de ser “mi” familia? Con la sabiduría propia de quienes dedican su vida al trabajo, al estudio y la contemplación me contestó con una pregunta que ante cada incertidumbre me llena de respuestas: “¿Cómo creés que te juzgaría Jesús?” ...
Un Jesús de amor, que supo sentarse a comer con ladrones y herejes. Que redimió a Magdalena cuando dijo “...el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Cuando la hasta allí prostituta le dijo “¿Y ahora, qué hago?” nuestro hermano mayor le contestó “Yo ya te he perdonado”. Ella se convirtió desde allí en una de sus principales discípulas. Si DIOS en persona perdonó, ¿quién condena?
No tengo la preparación teológica suficiente para contestar al interrogante de que pasará cuando lleguemos a las puertas del Reino. ¿Nos condenará Dios a sufrir de las inclemencias de una vida cotidiana que se mete incluso entre nuestras relaciones interpersonales? ¿Acaso mentir con un amor que ya no existe no es pecado también? ¿Si la condena fuera taxativa no estaríamos desmintiendo acaso lo que Jesús nos promete al decirnos que en el momento en que estemos atribulados nos apoyemos en él?
“Para sanar las heridas del pecado, el hombre y la mujer necesitan la ayuda de la gracia que Dios, en su misericordia infinita, jamás les ha negado”. (Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal Argentina, Madrid, 1993, Parágrafo 1608)
La Iglesia Católica es esencialmente histórica. Nos definimos por el hombre y su historia, que también es un designio de Dios. Si así fuera, ¿por qué los Patriarcas fueron polígamos (es decir más de una mujer AL MISMO TIEMPO) y el hombre moderno es condenado cuando vuelve a unirse (DE A UN CONYUGUE POR VEZ)?
“La poligamia de los patriarcas y de los reyes no es todavía criticada de una manera explícita”. (Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal Argentina, Madrid, 1993, Parágrafo 1610)

El Dogma y la Realidad. Las uniones de pareja. Parte I.

mundus 08/12/2008 @ 19:28

Por Daniel do Campo Spada.

anillos.jpg “Los caminos de la vida no son lo que yo soñaba”, dice Vicentico en una de sus canciones. Y es así. Comenzando el camino en un hogar “normal”, con techo, comida y una cama caliente, hay muchas fantasías que luego, aún manteniendo todo eso, es mucho más difícil. Uno de los puntos en los que la vida golpea más es en las relaciones de pareja. Algo pasa en nuestros días y nadie puede negarlo.
La vida superficial nos hace buscar la sonrisa permanente de las publicidades. Por ello, quienes estamos en búsquedas que no responden al modelo consumista, nos encontramos con la sonrisa displicente de más de uno. No solo los que buscamos a Dios, sino los que propician una vida más tranquila o simplemente un trato armonioso con el entorno natural, somos taxonomizados como “locos lindos”, con todo el cariño pero también el desmerecimiento que ello implica.
En varios círculos profesionales, de amistades o de otra índole que integro, veo que la generación intermedia sufre. Los hijos empiezan a ser libre y tener sus propios sueños. Los padres, son mayores y requieren atención o ya se fueron con el Creador. Y en el medio, personas que ven un físico que ya no es el de antes. Irremediablemente.
De golpe, se percibe que esa persona que comenzó el camino con nosotros es otra. Ha cambiado, al igual que nosotros. Lo que nadie puede garantizar es que haya sido el mismo giro. Cuando el nido empieza a quedar vacío hay tiempo para volver a “re-conocerse”... y ahí pueden empezar algunos problemas. En esas búsquedas empieza una carrera loca, con consignas de “re-hacer”, pero con la conciencia de que los tiempos y el margen de maniobra ya no es el de la juventud. ¿Cómo impedir en ese contexto la cantidad de nuevas uniones que se dan? ¿Por qué el mundo moderno (urbano y rural) llega al promedio de dos uniones de pareja en la vida adulta? Al mismo tiempo hay cada vez más hogares monoparentales, es decir, de una sola persona. Detrás de este modelo también hay una lógica de mercado, ya que donde podría haber una cafetera, una heladera, un horno o un auto para varios integrantes de una familia, se convierten en tantos elementos por cada humano vivo. Pero esa lógica también tiene otro problema que es la falta de soledad. Estamos bombardeados de interaccione, sin espacios para uno. El último y fatal misil fue el teléfono celular, que como si fuera un invisible hilo de baba nos sigue a todos lados. Imposible esconderse. Esa saturación presiona hacia una explosión de intolerancia. Una cosa lleva a la otra y el espacio aparece “inexplicablemente” por la separación. La necesidad de “su” lugar es cada vez más difícil en pequeños departamentos y en ciudades superpobladas y en hábitos hipersocializados donde para lo único que no hay es espacio “para el individuo”.
Una excusa fácil es que la infidelidad ayuda a enriquecer la pareja. Es mentira. Solo se convierte en una aventura, y en muchos casos una venganza de la que la víctima ni se entera, pero nada más. Allí habrá que reconocer que el amor desapareció y habrá que evaluar la necesidad de mantener las apariencias montadas en una mentira. Tener espacio es otra cosa. ¿Cuantos individuos se dan cuenta al separarse de su pareja que se han olvidado de sus amigos, de sus hobbies, de todo aquello que era parte de sí? Este es generalmente uno de los nudos. Por culpa del “otro” he dejado de ser yo, y al que querer volver a serlo, se “mata” a quien se considera el culpable de nuestro despojo.
Terapia... o espacio, pueden ser la llave a ver qué nos pasa en este mundo en el que todos estamos cada vez más irritados y presionados.