Crisis Financiera y Pobreza.
Por Daniel do Campo Spada
“La Iglesia debe cumplir su misión siguiendo los pasos de Jesús y adoptando sus actitudes. (...) En el Evangelio aprendemos la sublime lección de ser pobres siguiendo a Jesús pobre y la de anunciar el Evangelio de la paz sin bolsa ni alforja, sin poner nuestra confianza en el dinero ni en el poder de este mundo”. (Documento Conclusivo de Aparecida, 2007, Parág. 31)
En los aciagos días del último trimestre de 2008, el mundo comenzó a alterar su ritmo, al calor de las noticias que por los medios de comunicación traían los mercados financieros, con todo lo que ello implicaba en expresiones como “derrumbe”, “pánico”, “final de fiesta”, etc. Estados Unidos y las potencias europeas realizaban ingentes esfuerzos con sus tesoros (pagados por los ciudadanos de a pie) para salvar las pérdidas de las grandes multinacionales del dinero.
Con solo el 10 % de lo que la primer potencia invirtió (u$s 80.000 millones de los u$s 850.000 millones) en esta crisis que será recordada por siglos, se hubiera terminado el hambre en el mundo. En el último año, los alimentos subieron un 70 % y eso dejó fuera de la posibilidad de comer a millones de personas. ¿Acaso fué titular de los grandes diarios y ocupó los principales noticieros de radio y televisión? (Recomendamos ver el n° 31 de la revista ECO Informativo DigiTAL en www.ecoinformativo.com.ar)
Es más, ¿aparecía el hambre que la suba de precios provocaba o el crecimiento del comercio y el impacto consumista en los terratenientes? La respuesta ya la sabemos.
¿Cómo debemos pararnos los cristianos ante estas desesperaciones? Por otro lado, cada vez que el mundo pasa por una crisis económica, sea esta comercial o financiera, se provoca una (en términos económicos) reasignación de riqueza, que rara vez es para combatir la injusticia social. Por el contrario, se incrementa la brecha entre los que pueden y los millones que se quedan cada vez más marginados.
Mis colegas periodistas dicen que se teme “por el freno del turismo”, “preocupación empresaria por la retracción del consumo”, pero detrás está la verdadera historia, en la que muchos perderán su trabajo. Algunos ganarán menos, pero la mayoría dejará de ganar nada.
Por un viaje profesional, tuve que viajar a la ciudad argentina de Paraná (Provincia de Entre Ríos) y en el viaje pasamos por la “pujante” ciudad de Rosario. Los diarios titulaban sobre el boom inmobiliario en el caso urbano del importante conglomerado, pero no pued encontrar la más mínima nota sobre un impresionante bolsón de pobreza ubicado en el cordón de ingreso.
Octubre 2008.
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Un estudio del CONICET (organismo de investigación más prestigioso de Argentina) demostró en cifras (difundidas por el diario Página 12 el día 27 de agosto de 2008) algunas cosas que los fieles venimos notando desde hace veinte años a esta parte. Las Iglesias están cada vez más vacías, tienen menos sacerdotes que nunca y el manifestarse creyente suena a un anacronismo. Mas allá de los números, ¿no estará nuestra Iglesia institucional lejos en gran parte de las necesidades del pueblo? No es por ser reiterativos sin sentido ni buscar culpables, pero una Iglesia sana y en crecimiento siempre será la mejor herramienta para llevar la palabra de Cristo. Claro que para ello debe haber un marco de coherencia.
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Los cinco cuerpos se encontraban alineados en el piso, como si hubiera efectivamente habido un fusilamiento, que no escatimó usar la propia sangre de las víctimas para escribir en las paredes y alfombras las frases "Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal. Venceremos. Viva la Patria" y "Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son M.S.T.M." Nunca estuvieron más cerca de Jesús que en ese martirio que deben haber sentido en carne propia durante la madrugada. Estos no son textos periodísticos y no quiero que mi profesión me traicione, por lo que quiero remitirme solamente al mensaje cristiano de quienes entregaron la vida en medio de muchos asustados, muchos cobardes y también muchos cómplices que aún hoy en día dicen llamarse católicos. Ya no los había advertido Jesús, que entre nosotros el Diablo se haría presente con ropas de cordero.
